Opinión: Un Partido Político Serio No Humilla A Los Campesinos Pobres Por: Mario Parra-La posición del Centro Democrático frente a los acuerdos de paz, no deja de ser una movida torcida que juega con las necesidades reales de miles de campesinos pobres de este país.
Celebro que el tema rural no haya cambiado sustancialmente y será el Congreso el que tenga que legislar en favor del sector rural y no en los intereses de los “grandes terratenientes”, logrando la reparación efectiva de las víctimas y la restitución de tierras que fueron arrabatas por los usurpadores en zonas de dominio paramilitar.
Cuando digo los “grandes terratenientes”, me refiero a los que arrebataron las tierras a la nación y despojaron a los campesinos de sus fincas con la ayuda de notarios y funcionarios sobornables, acolitados por políticos que se oponen y rechazan los acuerdos de paz bajo el dicurso antirrestitución, pues saben que muchos grandes agricultores y ganaderos pueden resultar económicamente afectados por la restitución de tierras que accedieron mediante la fuerza y la violencia contra los más débiles.
¿Qué de malo tiene el acuerdo por poner en marcha una nueva realidad rural y tratar la escandalosa inequidad de la tierra en Colombia?, ¿qué de malo hay en apoyar a los campesinos desplazados para que se proceda a la titulación de sus propiedades y que las mujeres víctimas del conflicto puedan tener titulación de las tierras y acceso a créditos para inversión en el campo?, ¿qué negativo hay en establecer que la inactividad de la tierra que no desarrollan los grandes terratenientes les producen grandes fortunas con la ayuda del no pago de los tributos que correspondería si hubiera un catastro rural real y cómo la mayoría de esos latifundios se convirtieron en un negocio que sólo busca especular con el tema de su valorización?, ¿cuál es el problema en definir que la mayoría de los latifundios son utilizados en actividades poco productivas y con escasa generación de empleo como la ganadería? y ¿qué de malo tienen unos acuerdos que buscan la reducción de la pobreza rural?
Colombia tiene hoy casi 10 millones de campesinos que trabajan la tierra, el 40% del área agraria del país está en manos del 0.4% de los dueños de fincas mayores a 500 hectáreas; fincas compuestas de tierras baldías usurpadas a la nación que sólo capitalizan rentas a favor de unos pocos y a costa de la riqueza común. El 77% de la tierra en las zonas ganaderas está en manos del 13% de los propietarios, pero el 3.6% de estos tiene el 30% de la tierra. Más de 6 millones de hectáreas arrebatadas a los campesinos y más de 5 millones de campesinos desplazados en los últimos 20 años. ¿Qué lectura podemos hacer de estas cifras? Las ideas recalcitrantes del Centro Democrático sólo buscan sostener la inequidad y la injusticia social y de paso mantener una de las principales causas de la violencia, la tenencia de la tierra.
Entonces, la pregunta obligada es ¿por qué razón el Centro Democrático trata de preservar los privilegios de los grandes propietarios e impedir la devolución de las tierras a sus legítimos dueños, a los campesinos desalojados de sus predios por el conflicto armado?
Los acuerdos ofrecen la posibilidad para que se haga una verdadera reforma agraria estructural que permitirá el desarrollo del campo colombiano y para salir del atraso y la precariedad que impera en este sector. No es cierto que con estas reformas se atenta contra la propiedad privada, la libre empresa, la agroindustria o el libre mercado, por el contrario, el nuevo modelo de desarrollo rural que se plantea, busca priorizar a los pequeños y medianos campesinos, ignorados por el Estado durante décadas y apunta a apoyar la economía campesina, familiar y comunitaria.
Los campesinos víctimas del despojo por el conflicto armado merecen respeto y ya es hora de que el Centro Democrático, el exprocurador Ordonez y el presidente de Fedegán, el señor Lafaurie, dejen de atentar social y políticamente contra las víctimas del campo y no los traten como ciudadanos de segunda categoría. Un partido político debe ser el espejo donde el pueblo se refleje por su luz, claridad y transparencia, pero nunca por lo más vil de la hipocresía, falsedad, mentira, engaño, manipulación y atentado contra los elementos básicos de la población y menos de la población campesina.
Por todo lo anterior y muchísimo más, tengan claro, que por esos verdugos políticos jamás deben votar, porque más mentiras no caben en esta pantomima de opositores. ¡Hasta pronto!