Opinion De Mario Parra: El Procurador General de la Nación ha generado una espiral de fanatismos, fabricando una continua guerra contra el proceso de paz y buscando adoctrinar socialmente con el fuego del odio y la venganza. Es inconcebible su intención de prohibir que los servidores públicos promuevan los acuerdos de paz.
El artículo 22 de la Constitución Política, expresa claramente que la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento, esto quiere decir que todos los colombianos tenemos el deber de buscar y mantener la paz. Aquí están incluidos los “servidores públicos” de todo orden, pues la norma constitucional no hace excepciones en razón de la calidad que ostenta una persona por ser servidor del Estado.
El justiciero oficial del Ministerio Público, es una especie de “manager” de la oposición que está en plena campaña electoral, pero el pueblo ya está grandecito para dejarse distraer, intimidar y chantajear. El Ministerio Público tiene estre sus funciones velar por la protección y el respeto de los derechos fundamentales y la paz es un derecho fundamental; un derecho fundamental que “todos” debemos buscar, construir y conservar, pero hoy se levanta el Procurador con pretensiones de enterrar la paz y avivar la guerra, haciendo sonar las trompetas de Jericó anunciando lo que se avecina: sanción disciplinaria contra todo servidor público que promueva la paz. ¡Que equivocado está el señor Procurador!
El mundo tiene hoy los ojos puestos en la paz de Colombia; las negociaciones de la Habana han tenido el apoyo de la Comunidad Europea, de Estados Unidos, de los líderes latinoamericanos, de países asiáticos como China, Japón y Corea del Sur, de la iglesia católica, del Papa, de los pastores de las comunidades cristianas, de la Organización de la Naciones Unidas, de los gremios y empresarios colombianos, de los sindicatos, de los jovenes, de los niños, de los indígenas, de los afrocolombianos, es decir, todo el mundo quiere la paz para Colombia y sólo el Procurador y sus secuaces del Centro Democrático quieren mantener la violencia y seguir alimentando la guerra.
Sugiero que en cada municipio el alcalde, los concejales, el personero, los maestros, los periodistas, sean los encargados de promover la educación de la paz. La paz es obra de hombres pacíficos. Sólo los pacíficos podrán querer la paz. Podemos ver cómo donde los gobernantes son “desiquilibrados” puede ser una amenza para la paz.
La paz no es de Santos, no es de la Farc; la paz es de Dios, así lo dicen las escrituras: “Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” Mateo 5:9. “De modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes” Colosenses 3:13. “La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden” Juan 14:27.
Es fundamental que se cree el convencimiento de que “hay que decir no a la venganza, hay que reconocer las propias culpas, aceptar las disculpas sin exigirlas y, en fin, hay que perdonar”, es la única forma de avanzar juntos hacia la reconciliación. ¡Hasta pronto!