REVOCATORIA DEL MANDATO EN CAMPOALEGRE: ¿UNA PÉRDIDA O UNA GANANCIA?

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Mauricio Salgado copia

Campoalegre como otros tantos municipios de Colombia ha sido protagonista de un proceso de participación ciudadana en donde se cuestiona abiertamente el incumplimiento del Plan de Gobierno suscrito por la mandataria local y que en suma se pretende revocar de manera inexorable.

Fue así, como el pasado 17 de noviembre se dieron cita en las urnas los habitantes del municipio para expresar su inconformismo a través del voto “SI a la revocatoria del mandato de la Doctora Neyla Triviño Rojas”, alcaldesa de esta localidad.

El escrutinio arrojó como resultado que no fue superada la votación y en consecuencia, la mandataria se mantendría en su ejercicio legítimo por el período para el cual fue elegida.

Sin embargo, después de este dramático proceso democrático es inevitable reflexionar en aspectos fundamentales sobre el ejercicio de la política y la modulación que ejerce ésta sobre la conducta de los ciudadanos:

• Revocatoria, un proceso desgastado
Hasta el momento en nuestro país no ha prosperado la primera revocatoria de un mandato. Esto se debe a la falta de votación porque es absurdo pretender que se iguale al proceso inicial de cuando se eligió como mandatario(a).

• Plan de Gobierno: ¿Demagogia u oportunismo?
El desencanto colectivo de aquellos quienes depositaron su voto de confianza en un candidato es manifiesto cada día y va en aumento. Pareciera que la forma de hacer política correspondiera a la creación de falsas expectativas y que ponen de manifiesto la precaria forma de gobernar a través del desconocimiento de las necesidades propias de las comunidades. A adivinar salen nuestro gobernantes porque no saben de qué elementos está hecha su región para poderla gobernar y terminan prometiendo lo que no pueden mínimamente cumplir.

• Jugar con el hambre del pueblo
Suena cruel pero en nuestro país cada día crece la brecha entre pobres y ricos. Es alarmante el número de niños que mueren por desnutrición y las personas que viven en la miseria. Pero lo más despiadado es comprar las conciencias, cambiar el voto por el pan es lo más infame. Estos días se evidenció un tráfico de influencias para comprar los votos necesarios a través de almuerzos comunitarios, discursos políticos, promesas vanas. ¡Qué indigno! Campoalegre se merece un trato justo para sus ciudadanos. Se compra y se vende a cualquier precio como en un mercado persa, y llegado el punto, es preciso negociar con la fe. Esta forma desaforada y subvalorada de hacer política no debe prosperar en la conciencia de un pueblo al cual escogió JOSE HILARIO LOPEZ, insigne de la libertad, como su última morada. A propósito, no fue gratuito que mandara a plantar una ceiba como símbolo de libertad en cada municipio para recordarle a cada ciudadano el valor sagrado que ha de mantener la armonía de los pueblos. En nuestro caso particular, la ceiba se secó y en consecuencia nos quieren esclavizar.

• Los jóvenes y el voto
Es común encontrar un escepticismo en la juventud al momento de hablar de política. Me atrevo a pensar que nada les motiva este tema y es preocupante. Una forma de manifestarse en contra de aquellos que quieren decidir nuestra suerte es precisamente a través del voto. No quiero pensar que este recurso providencial esté supeditado a través del soborno de aquellos que ostentan el poder y se aprovechan de los débiles y entonces el cepo sea más implacable. En las academias se ha de fortalecer la formación ciudadana más que las matemáticas, las ciencias, las artes. ¿Para qué formar hombres de conciencias frías que no pueden decidir libremente lo que quieren ser? Estos serán como los “Sietemesinos” que llama Martí a quienes no tienen fe en su patria y reniegan de la madre que los parió y se avergüenzan porque son hijos de padres humildes, que llevan delantal indio. A estos les faltará el valor y se lo niegan a los demás.

Es posible pensar en un municipio próspero y al alcance de nuestros hijos y Campoalegre se merece los mejores gobernantes decididos a transformar las conciencias colectivas. Hombres virtuosos y dignos capaces de soportar cualquier veeduría ciudadana sin el menor temor de señalamiento alguno.

Escrito por:
Mauricio Salgado Sánchez
Activista