SER ESTUDIANTES ES UN PRIVILEGIO

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Mensaje a los Estudiantes
Comprendo la gran emoción que embarga vuestros corazones al considerar que el título de bachiller que acabáis de recibir se compara con la máxima conquista alcanzada por un hombre. Sin embargo, no es mi pretensión desanimaros de tal presunción. Al contrario, me siento honrado de que halláis podido terminar los estudios satisfactoriamente. Ahora os imagino haciendo remembranza de cada uno de los episodios vividos en las aulas de clase, lugar sagrado que puso a prueba vuestras elementales expresiones como seres inmersos en un grupo socialmente establecido. En las mentes prolíferas y en los recónditos umbrales de las conciencias estarán aquellos pensamientos señalando fielmente el alcance de vuestras acciones. Para algunos será digno reconocer a sus verdaderos maestros el valor de la generosidad que conlleva el acto sublime de educar. Otros encontráis mayor regocijo evocando aquella broma estúpida o la manera despectiva con que referisteis a los compañeros y docentes. No os acuso de ello, pues en esto también hay aprendizaje y espero sea el punto de partida para madurar y no os mostréis tan viles frente a tus semejantes.

Tengo que confesaros que la razón que motiva esta reflexión es precisamente el compromiso que adquirí y el respeto por mi maestra de literatura en el bachillerato que en hora buena me enseñó a asir los libros que habrían de comprometer mi pensar. A ella doy mis votos de aprecio y reconocimiento, porque al igual que a vosotros, su ingesta fue despertar en mí la sensibilidad más profunda para entender que la vida es mucho más que “cuento y canto” y que lo que verdaderamente hace humano al hombre es su capacidad de asombro que se refleja en su capacidad de incorporar las artes a la vida diaria. Justo es que reconozcáis a estos artesanos del saber que dedicaron más que su tiempo en la noble decisión de formaros.

Me enaltece poder reseñaros al maestro Ezequiel Martínez que motiva los consejos que han de moldearos el cuerpo y el espíritu:

• No pretendáis ser como aquellos burócratas del aula que se ufanan porque sus padres lo han empeñado todo para poneros en la mejor universidad y vosotros jactanciosamente presumáis ante los demás, sin siquiera corresponder a tan enorme sacrifico de tus viejos. Qué ruin esta actitud y entonces diré que en esencia sois verdaderos parásitos de la educación.

• Recordaréis que un buen estudiante lo es pese a un mal ministro, a una mala universidad, a un mal programa y a un mal docente. Con esto quisiera ver tal desafuero en los ojos, porque hay que admitir que así como existe la educación de calidad, lo hay también instituciones de garaje quienes no cumplen con las expectativas de revolución y transformación social. Yo estaré orgulloso de vosotros porque en esencia me demostrareis de lo que estais hechos al momento de escoger la mejor opción.

• Aprendéis que es imprescindible tener como compañía siempre un libro. Ellos os ayudarán a saber y a juzgar la vida, a comprender y a tolerar. Haz de conservaros porque las palabras que en ellos reposan, ávidas de sedientos lectores, son verdaderas perlas más codiciadas que tesoro alguno.

• Tenéis de manifiesto que las lecciones más profundas y esclarecedoras se perciben en los umbrales de la muerte. Con esto quiero deciros que en ocasiones la vida no es justa para todos y que en el peor de los casos el hilo que la sostiene es tan frágil que sólo la mano de Dios la puede sostener. Para entonces comprenderéis que si esto sucede o ha sucedido ya, es porque Dios nos tiene preparado un plan y para ello nos brinda las oportunidades que sean necesarias a fin de que podáis descubrir vuestra misión en la vida. Por lo tanto, conviene que reconozcáis que la verdadera sabiduría consiste en temerle y aceptar su voluntad.

• No toleréis ninguna servidumbre y la de la inteligencia menos. Las academias precisamente se han constituido para transformar a los hombres en principios básicos como la fraternidad, la solidaridad y la libertad. Creedme que me avergonzaría de vosotros al verle como profesionales de conciencias frías que sólo pretenden su interés particular y para ello recurren a todo tipo de artimañas para mantener la opresión de los débiles porque para muchos ostentar un título equivale a un arma de combate que no dudan en poner en contra del país y sus ciudadanos.

• Quiero que también estéis instruidos en el arte porque es el reconocimiento de la máxima expresión del creador. Pensáis que la vida sin los circos y los payasos sería aún más triste de lo que es en la actualidad. Además, reflexionáis en esto que nos dice Martínez: “Un malabarista ha perdido diez años en hacer bailar un plato en la punta de un bastón, y que eso requiere tanta precisión y conocimiento como extraer una vesícula ”. En atención a ello, valoréis el arte callejero, a todos a quienes se la juegan para sacarle una sonrisa a los escépticos y a todos aquellos quienes sueñan con sembrar flores en los acantilados.

• Finalmente, no estudies sólo porque es una obligación, sino porque es imprescindible que te instruyáis suficientemente como para señalar al verdugo sus yerros, a los malos gobernantes sus abusos, y al mal maestro sus errores. Lo malo de esto es que empezáis a estudiar y no terminareis nunca porque si el vino de la academia os embriaga por cierto no habréis tenido sed de sabiduría. El mismo Gabo nos reseña en su misiva “una educación desde la cuna hasta la tumba, reflexiva e inconforme es lo que hará de transformar las futuras generaciones. Y para cuando todo esto suceda, entenderéis que ser estudiantes es un privilegio.

Con aprecio,

Esp. MAURICIO SALGADO SANCHEZ
Activista y Docente