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Opinion

Opinión De Mario Benedicto Parra: El arte de gobernar Hoy que vivimos siempre en campaña electoral, donde pasamos de las promesas pasadas a las futuras, las cuestiones filosóficas a duras penas tienen su cabida.

Desde la antigüedad griega de Platón y Aristóteles las dotes del buen político han sido objeto de multitud de tratados en la historia de la filosofía. En 1513 “El Príncipe” de Maquiavelo, un manual para el arte de gobernar, el manual por excelencia para el ejercicio del poder, se convertiría en el libro de cabecera de militares, gobernantes, políticos y estadistas como Napoleón y Richelieu, pero ¿qué hay en la naturaleza humana para esa constante preocupación? Es cierto que han venido cambiando los escenarios de la sociedad, las clases sociales, por el propio avance y complejidad del mundo, desde las primeras ciudades-estado, donde la democracia esencial podía tener su sentido hasta la globalización actual. Pero los procesos de cambio siguen abiertos en el tiempo y no estamos seguros hasta dónde llegarán, ni quiénes serán sus actores protagonistas. Vamos a un nuevo concepto de democracia o a su pérdida. Pero la discusión sobre las dotes del político podrá ser la misma. Los antiguos griegos sostenían que para ocupar un cargo público eran necesarias al menos tres condiciones: capacidad para el cargo, lealtad con la Constitución y virtud y justicia. Con un sentido contemporáneo los podríamos aplicar perfectamente hoy.

En medio de este día a día no nos queda tiempo para ver las cualidades de los políticos. Pero, ¿qué responsabilidad tenemos cuando votamos? No es fácil pensar en una forma de ser, en un arte de gobernar que se derive de esta, cuando no se nos muestra, cuando la maquinaria propagandística hace líderes al gusto de la moda.

En este caluroso verano, estamos viendo, por ejemplo, a los candidatos a la alcaldía de Campoalegre decir lo mismo hace 20 años: “vamos hacer el cambio que el municipio necesita, vamos a recuperar a los niños y a los adolescentes con énfasis en el deporte, vamos a impulsar el emprendimiento, sobre todo, en el sector agropecuario, vamos a impulsar el turismo, vamos…, vamos…” Asistimos a una época carente de ideologías, donde cada vez más nos une más el desencanto y la resignación. Por eso lo único que queda es el líder carismático que atraiga masas y se convierta en detonante de un cambio o de una esperanza.

El arte de gobernar que debemos buscar es preguntarnos si los candidatos a cargos públicos tienen la capacidad, lealtad y ética que se necesita. Si no obtenemos en pleno una respuesta positiva es que no elegimos bien, que no seleccionamos a los más aptos. Deberíamos volver a discutir como Platón, Aristóteles o Maquiavelo cómo deben ser nuestros dirigentes.  ¿Tiene o tendrían el arte de gobernar bien? Difícil si no se muestran como son, ¿verdad?

Nuestra responsabilidad es exigirles que muestren y expliquen sus planes de gobierno, lo hagan a través de los medios locales de información y de las redes sociales, hay que obligarlos a que muestren, conocerlos y exigir.

 ¡Hasta pronto!

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