Editorial Centro Noticias : Simeón un hombre que se hizo a pulso y logró con su inteligencia convertirse en un sujeto reconocido por la sociedad, no solo de Campoalegre sino en Colombia y el exterior.
Para algunos de la sociedad médica no lo consideraban médico pues no les exhibía sus credenciales, pero para otros era un médico a carta aval, pues tenía el don de curar no solo el cuerpo sino también el alma. Prueba de ello son más de 300 mil historias clínicas de los pacientes que atendió y que seguro muchos están hoy acá acompañando a su médico Simeón, quien con sus saludos mordaces y sin preguntar a qué seguro o EPS pertenecían o si traían plata, procedía a atender, aplicarles medicamentos o hasta operarlos sin importan el dinero. También fue un defensor de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y les permitió a muchas ejercer su derecho a la libre maternidad y por eso fue judicializado.
Simeón también fue político, un conservador en un pueblo liberal, un concejal que regalaba sus honorarios y un proyecto de alcalde, porque según su lema ” usted decide” muy seguro decidimos que no fuera alcalde porque era mejor que siguiera siendo médico.
Como ser humano tuvo errores pero también virtudes, sin embargo, al colocarlos en una balanza pesan más las virtudes. Su vida privada siempre daba de qué hablar, cosa que él disfrutaba. Pues decía, ” que la gente hable de mí, pero que hable”
No fue padre biológico, pero si padre adoptivo, pues gracias a su generosidad ayudó a críar sus Hijos, varios jóvenes que apoyó para que estudiaran y fueran útiles a sus familias y la sociedad, como él. También ayudaba a quien le solicitara, casi sin importar para qué.
Simeón
Murió tranquilo, posterior a la muerte de su madre como él quería, también tranquilo pues fue en su casa- clínica y museo que él con su familia y amigos construyó, al lado de una de sus bibliotecas, pues tenía varias, porque era muy buen lector, también al lado de su discoteca la que le permitió escuchar su sinfonía preferida, el concierto para violín de las cuatro estaciones de Vivaldi, en especial la primavera. Que hoy escuchamos. También murió al lado de su bar con licores y copas que trajo de los varios países y sitios por los que viajó acompañado de sus seres queridos.
Simeón también murió analizando la ingratitud de algunos, que como buenos seres humanos no volvieron a visitarlo en sus momentos de dos años de enfermedad. Sin embargo lo explicaba diciendo que uno no da para recibir nada a cambio.
Simeón murió como lo deseaba, lúcido y por un paro cardíaco súbito, rodeado de su familia: Dora, Arnulfo, Marcia, Lesbi, y amigos, y está en su ataúd de pino que él mismo mandó hacer hace más de 15 años para este momento que hoy nos convoca. Pues a Simeón no se le pasaba nada por alto, a tal punto que hoy se cumple otro de sus deseos, que su misa fúnebre fuera realizada por su amigo el padre Milcíades Vargas Motta.
También nos dejó mensajes, ” no aplaudan lo que hago, critiquen por lo que dejó de hacer” también en ésta iglesia y éste atril múltiples veces disertó sobre la muerte, la cual le era natural y la estaba esperando.
Para concluir, Simeón fue un filántropo, un hombre generoso, y que gracias a cada uno de ustedes seguirá existiendo.