Opinión de Mario Benedicto Parra: SIMEÓN, EL MÉDICO DE LOS NECESITADOS – Muchas veces escuché que si has visitado a todos los médicos de Campoalegre y Neiva y sigues enfermo, acuda al médico Simeón Fierro, ya que es el único que da con el chiste, es decir, con la enfermedad. Es por ello que había gente que le atribuía facultades milagrosas o el don de la sanidad, llegaban a decir que lo que no curaba el doctor Simeón, no lo curaba nadie.
Tal era la confianza que despertaba en Campoalegre el médico Simeón que en una época circulaba que una tarde el sepulturero estaba quitando la maleza cuando de repente un muerto que trataba de levantarse de una tumba le pidió auxilio para que lo ayudara a salir y exclamó que él estaba vivo y que todo era un error. El sepulturero, antes que asustarse o espantarse, le dio un golpe en la cabeza con la pala y dijo: ¿usted cree que va a saber más que el médico Simeón? Y le echó más tierra a la tumba.
De esta irreal historieta, lo cierto es que Simeón debe estar en este momento sonriendo, pues era amigo del buen humor y como él mismo decía, “lo importante en la vida es que la gente hable, pero que hable de mí”.
A Simeón lo recuerdan como el médico que curaba todo -sobre todo en tiempos en que no existían tantas ayudas médicas como hoy en día: tomografías, ecografías, resonancias magnéticas, etc.-, el que trabajaba 24 horas y siete días a la semana, no le importaba no dormir e iba a donde fuera para atender a los enfermos. Llegó al municipio de Campoalegre en 1960, en el que se quedó para ayudar a un pueblo en la época en que la salud no era un negocio. Varios de los que fueron aliviados por él, la mayoría campesinos, recuerdan que no les cobraba o los curaba al fiado.
Luchó para mejorar la prestación del servicio de salud en Campolagre, cabe recordar que fundó la Clínica Fierro. Después llegó la ley 100 de 1993 y las cosas empezaron a cambiar, debido a que la salud se volvió un negocio, una mercancía y el término “paciente” fue reemplazado por el de “usuario”.
Simeón, el médico de los necesitados, que en realidad lo fue de casi todos los campoalegrunos, sirvió a la comunidad, proclamó a los cuatro vientos las palabras generosidad y solidaridad, fue un hombre singular, un altruista practicante, un médico ilustrado y viajado, cuando nadie salía de Campoalegre al exterior, imbuido de sobria humanidad y empecinado en tratar a todo el mundo, especialmente a los necesitados. Nunca se dio importancia, algo inusual considerando el momento actual en el que la vanidad, la fama y el dinero son lo más importante para muchos profesionales.
Este tellense, que nació en 1943, falleció en Campoalegre, el pueblo que lo recibió y en el que murió después de que su salud se deteriorara a raíz del maldito cáncer.
En la jornada del sábado pasado, los ciudadanos se convocaron en masa al sencillo homenaje y escucharon en religiosa actitud los pequeños discursos, todos muy bonitos y dicientes, sobre todo, el pronunciado por el periodista Alfonso González Gutiérrez, que con su voz recia y firme, conmovió a los asistentes. Creo que Arnulfo Fierro y sus hermanos asistentes a la honra fúnebre, nunca imaginaron que los campoalegrunos quisieran tanto a Simeón.
Lamento la partida de esta persona de tan extraordinaria calidad humana, es sin lugar a dudas uno de los personajes más queridos de Campoalegre en las últimas décadas, quien siempre tenía una sonrisa y buenas palabras para las personas que acudían a él. Paz en su tumba y sentido pésame a todos sus familiares. ¡Hasta pronto!