Opinión De Mario Benedicto Parra: ¿Qué piensa un candidato?– Un profesor pregunta a sus estudiantes de undécimo grado: ¿quién de ustedes admira a un político?, de 30 adolescentes que se encontraban en el salón, solamente dos levantaron la mano, uno de ellos era hijo de un político y el otro quería ser político cuando fuese mayor. Los demás expresaron: “nos dan asco los políticos”.
Quiero reflejar con esta breve introducción lo que casi todo el mundo piensa de los políticos, lo que la gente siente por su clase política. Históricamente se ha dicho que los políticos mienten, que prometen y no cumplen, que hacen mil peripecias y contubernios para ser elegidos en un cargo público. La insatisfacción que tenemos los colombianos con ellos es enorme.
Ya que estamos en tiempos de elecciones, me inquieta saber qué piensa un candidato de ideas liberales y del Liberalismo, que busca postularse a una elección por un partido político de la extrema locura de la derecha.
Me refiero al Centro Democrático; el partido que ganó suciamente el plebiscito a base de trampas, engaños y mentiras; el partido que convierte los debates en peleas callejeras, que elabora falsedades y construye enemigos con sus dogmas de la época de la Inquisición; el partido del ex procurador corrupto que quemaba libros y de algunos pastores cristianos evangélicos que venden amenazas y envenenan adulterando la palabra de Dios; el partido de acciones retrógradas e ideologías neofascistas, del rehacer de la guerra, la homofobia, la censura, el insulto, la división, la provocación, la estupidez, la intolerancia, el odio, la venganza, el miedo y de una ultraderecha que cree que el calentamiento global es cuento; el partido del fracking y el glifosato; el partido que ataca la historia -según María Fernanda Cabal, la masacre de las bananeras no existió-; el partido en el que a los manifestantes hay que darles plomo, el que mientras menos impuestos tengan los ricos habrá más empleo para los pobres; el partido de los que atacan, gritan y disparan desde muchos flancos, que atropella la justicia y especula; el partido de los falsos positivos y equívocos moralismos; el que estigmatiza y repite absurdas falacias; el que maldice la tutela -según el corrupto de Invercolsa Fernando Londoño Hoyos-; el partido que ha defendido a magistrados y militares corruptos y al sinvergüenza del ex fiscal Martínez Neira; el partido que denigra de los maestros y busca que la educación sea una mercancía; el partido que sataniza a quien lo juzgue, que atentan contra la libertad de cátedra, que promueve la crueldad de los animales, que atenta contra los derechos humanos de mujeres, niños y hombres que sufren la tortura de la guerra; el partido de los charlatanes y las falsas ofertas; el partido que celebró la fuga del exministro Arias, de Luis Carlos Restrepo y le consiguió asilo en Panamá a la señora María del Pilar Hurtado. Qué doble moral tan espantosa.
No quiero hacer leña del árbol caído, pero sí pensar que hay modos que al final fracasan. Que la gente es mucho más inteligente de lo que a veces parecen pensar ciertos políticos. En estos días leía en las redes sociales un cometario de una usuaria en relación con la noticia publicada por este medio sobre el aval que recibiría del CD Álvaro Pérez para la alcaldía de Campoalegre que expresaba “Le vendió el alma al diablo”.
Le doy mucho sentido a esa expresión y aunque el eventual candidato tenga muy buenas ideas e intenciones al momento de postularse, pienso que después de eso solamente tiene dos opciones, una es retirarse de la política, la segunda, pero más difícil y peligrosa, es mantenerse contra la marea y hacer la política que acostumbra el partido que hoy lo avala, pues no tendrá otro camino.
Considero que el pensamiento de Álvaro Pérez, a quien muchos paisanos le tenemos aprecio, es incoherente porque después de que limpiamente y con verdadero sentido de la moral y el servicio público gobernó en el pasado a Campoalegre, ahora pretende asumir los postulados de un partido de retardatarios que atentan contra las libertades públicas, de esas mismas libertades conquistadas en otrora por el Liberalismo.
La última opción es, repito, la más difícil y peligrosa, difícil porque estar en un medio enlodado te puede contagiar, y peligrosa porque cuántos no han sido dañados en sus honras por compartir postulados despreciables y deplorables de los manipuladores políticos.
La mayoría sabe que los caminos de la política son tortuosos y a veces peligrosos. La mayoría de las personas ejercen un legítimo desprecio por la política recalcitrante y retardataria, de modo, que Alvarito, no se deje robar la dignidad, su talente de liberal ni sus ideas libelares y del Liberalismo como la forma política que nos permite ser libres. ¡Hasta pronto!