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Opinión De Mario Benedicto Parra: Portazo en la cara

Opinión De Mario Benedicto ParraPortazo en la cara La decisión de Márquez, Santrich, El Paisa y Romaña de regresar al pasado de las armas era previsible, quien diga o piense lo contrario no vive ni ha vivido en este país, de eso estoy seguro. Cuántos compromisos, pactos, convenios, conciliaciones, acuerdos, contratos y obligaciones se incumplen a diario, no se respetan; se incumple y se viola la ley, el Estado mismo incumple la ley, los políticos incumplen sus promesas, la palabra empeñada que en otrora era sagrada para nuestros abuelos y padres hoy no vale. Entonces, ¿de qué sorprendernos ante una decisión que se veía venir?

Es previsible que en los procesos de paz haya excombatientes que regresan a su pasado y así lo demuestran todos los procesos de paz que se han adelantado en el mundo, Colombia no es la excepción. Para no ir tan lejos, los paramilitares también incumplieron el Acuerdo y nadie alborotó los ánimos como sucedió la semana pasada ante la decisión equivocada de unos pocos. La reacción ridícula de algunos, es como si llegara el fin del mundo; los politiqueros aprovecharon el momento para darse publicidad en plena campaña y exacerbar el patrioterismo electorero, parecía un gran circo, donde la tragicomedia es el pan nuestro de cada día. Lástima que los payasos sean tan malos. Algunos periodistas, locutores, columnistas de opinión y una gran cantidad de usuarios de las redes sociales expresaban alegría por la noticia, otros, vendían odio, miedo, rabia y decepción. Hubo quienes echaban culpas y pedían acabar con el proceso de paz con el relato de la guerra. Esas personas son igual de irresponsables a Márquez y sus secuaces. Nos quieren condenar al pasado y destruir la esperanza de la anhelada paz, pero la esperanza tiene que ser más potente que el miedo.

No hay duda que Márquez y sus socios no asumieron la responsabilidad histórica de construir la paz, desconocieron el llamado de su excompañero Rodrigo Londoño para que abandonaran la nostalgia por las armas y la guerra con que se comprometieron en la desmovilización de los acuerdos. Escupieron el proceso de paz y decidieron regresar a épocas aciagas y renunciar a la posibilidad de construir un país más justo, equitativo y tolerante.

Cada uno de ellos deberá asumir responsabilidades individuales. Son ellos quienes traicionaron la historia y fueron incapaces de pasar la página y superar la ilegalidad y las armas; son ellos los que engañaron aprovechándose de la buena fe de muchos colombianos que suponíamos habían renunciado para siempre a las armas y a la clandestinidad; son ellos quienes no tuvieron la berraquera de cambiar el estigma que nos determina como una sociedad violenta.

Pero afortunadamente, el grueso de excombatientes que abandonaron la guerra, cerca de 11 mil, que aún permanecen fieles al Acuerdo, no quiere volver a ella porque saben del error de la guerra y de la carga política que representa haberse mantenido en ella por más cinco décadas. Son miles de familias de excombatientes que sí han cumplido su palabra y están a la espera de reincorporarse a la vida civil.

Ese portazo en la cara del Acuerdo no significa que fracasó el proceso de paz, es un obstáculo más que hay que superar. El logro de la paz y la reconciliación es lo que más interesa y ahora que una minoría ha decidido darle la espalda, nos debe fortalecer aún más para no convertirnos en marionetas útiles de los mismos que siempre nos han mantenido divididos y matándonos entre sí, esa es la peor desgracia que pueda tener nuestra sociedad. Ningún amo de la guerra, nos va arrebatar el sueño de la paz.  ¡Hasta pronto!

 

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