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Opinión De Mario Benedicto Parra: Difamadores

Opinión De Mario Benedicto Parra: Difamadores Uno de los derechos más importantes conquistados por los pueblos es la libertad, y dentro de ella, la libertad de expresión, que con la imprenta se intensificó y con la tecnología digital, se generalizó, haciéndonos a todos partícipes sin pedir permiso para entrar en escena.

Utilizar la libertad de expresión en redes sociales tiene esa ventaja de la democratización, pues está al alcance de cualquiera de nosotros, además, la forma como se divulga lo que expresamos es de una magnitud generalizada y se propaga con facilidad por todos los escondrijos de la tierra, pero a veces las injurias, las calumnias, las falsedades, llegan a niveles insoportables que instigan y en muchas ocasiones atentan contra la dignidad de las personas.

Un hecho para precisar lo dicho, son los absurdos y denigrantes comentarios que generó la noticia publicada hace pocos días por Centro Noticias sobre el hurto de una considerable suma de dinero de las cuentas bancarias del municipio de Campoalegre, supuestamente por un hacker. Y después de que este mismo medio diera a conocer la noticia sobre la recuperación del dinero, continuaron las difamaciones, los ultrajes y las “sospechas” mediante comentarios sin base ni rigor, con frivolidad, temeridad e inconsecuencia, a que muchos son dados a la hora de ponerse delante del computador o el teléfono móvil y teclear sus apreciaciones.

La alcaldesa Elizabeth Motta Álvarez, es víctima de tanta insensatez descerebrada. Pero hay algunos que parecen prestarse más a ser blanco de iras y resentimientos y a su parecer, creen dañar la imagen de la mandataria dejando un manto de dudas con ese tipo de comentarios que rayan en la ordinariez: “que se robaron el dinero; que se trata de una nueva modalidad para robarse la plata del municipio; que la alcaldesa necesitaba recuperar lo invertido en sus campañas; que se les cayó la vuelta; etc.”, pero solo son unos irresponsables y unos difamadores, maltratadores y tergiversadores de los hechos.

Se juntaron para apuñalar moralmente a la alcaldesa el anonimato, la difamación y la incoherencia de los injuriadores y calumniadores. O sea, que, con perfiles falsos y seudónimos, hay quienes, de manera perspicaz, sacan a pasear su irracionalidad en las redes sociales, disparan a ciegas y vierten la mala fe con que obran.

¿Por qué esos afilados dardos lanzados desde el anonimato, desde la falsedad de nombres inventados y perfiles falsos? ¿Por qué si tienen fundadas razones y pruebas para denunciar hechos concretos no lo hacen de una forma directa, vale decir, con fundamento y con sus nombres y apellidos en estos medios de difusión masivos? Y si quieren ir más allá, ¿por qué no denuncian esos hechos a las autoridades judiciales?

Es bueno reconocer la invaluable labor y participación de la ciudadanía en asuntos generadores de corrupción. Bienvenidos los comentarios, pero de aquellos basados en hechos reales y no en “supuestos” que solo buscan causar daño.

Debe la sociedad hacer un alto en el camino y evaluar en qué se está convirtiendo. No permitamos que se siga jugando con la dignidad de las personas. Esos comentarios humillantes e insolentes meritan toda nuestra repulsa.

La libertad de expresión es un medio precioso al alcance de la humanidad para la participación cívica. Desnaturalizarlo, pervertirlo, retorcerlo, esconderse en la vileza del anonimato insultante, despreciativo y disparatado en cuanto a ridículos comentarios, es un acto de bajeza que no merece más que nuestro rechazo, el mayor de los repudios. ¡Hasta pronto!

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