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Opinión De Mario Benedicto Parra:  Conmovedora historia

Opinión De Mario Benedicto Parra:  Conmovedora historiaCuenta la historia que había una vez un hombre muy anciano, bastante débil que tuvo que ir a vivir con su hijo, su nuera, y con su nietecito de seis años, cuyos ojos no veían claro, sus oídos oían débilmente, le temblaban las rodillas, sus pasos flaqueaban, y cuando se sentaba a la mesa apenas podía sostener la cuchara.

Derramaba el caldo sobre el mantel, o se le caía de su boca. Su hijo y la esposa de su hijo estaban disgustados por esto, por lo que el abuelo al fin tuvo que sentarse en un rincón detrás de la estufa. Allí le daban su comida en un recipiente de barro y ni siquiera contenía lo suficiente. Él solía mirar hacia la mesa con los ojos llenos de lágrimas. Una vez también, sus manos temblorosas no pudieron sostener la taza, y cayó al suelo y se rompió. La joven esposa lo regañó, pero el anciano no dijo nada y sólo suspiro.

Pasaron unos días y una tarde el padre encontró a su hijo de seis años manipulando un pedazo de madera con un cuchillo de cocina. El padre, lleno de curiosidad, le dijo:

– ¿Qué estás haciendo, con tanta seriedad?

Estoy haciendo un plato de madera para cuando tú seas viejo y las manos te tiemblen. 

 Y así fue como el hombre y su esposa aprendieron la lección y, desde entonces, el anciano volvió a sentarse a la mesa como toda la familia.

¿Cuántas veces, al interior de la familia, subyace el maltrato a los ancianos y el irrespeto a los años? Hay tantos que reaccionan como ese matrimonio y ven a los ancianos como algo molesto, como si los viejitos actuaran caprichosamente y no comprenden que su edad hace que se vayan comportando así, que ya no pueden sostener un vaso, que su cuerpo tiembla, que su mente se evade, que no controlan sus esfínteres y tantas cosas más.

Hay que aprender de esta historia que los años no llegan en balde, que los achaques llegan inevitablemente cuando envejecemos. Por eso, debemos aprender que nuestros padres merecen todo nuestro respeto, admiración y buen trato.

Esta conmovedora historia te hará mover todas las fibras de tu ser porque lo que hagamos con nuestros padres hoy, es exactamente lo que recibiremos mañana.

Sé que es difícil sobrellevar a un anciano con achaques porque altera las rutinas de tu vida, pero a veces nos falta empatía para darle la atención que sus arrugas merecen.

No los ignoremos, no los minimicemos, ellos necesitan constantemente de nuestro afecto y compañía, expresémosles sentimientos de respeto, gratitud, tolerancia y amor. Rompamos con esa costumbre de reservarles a los abuelos un rinconcito detrás de la estufa. Hoy en día mueren más ancianos por violación de sus derechos que por coronavirus.

Los dejo con este bello pensamiento del cineasta sueco, Ingmar Bergman: “Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre”. ¡Hasta pronto!

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