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Opinión De Mario Benedicto Parra:  Irracionalidad humana

Opinión De Mario Benedicto Parra:  Irracionalidad humana Los hechos presentados en los últimos días nos obligan a plantear varios interrogantes. Desde niños se nos enseñó que el ser humano es un animal racional y que el resto de animales son irracionales. Pero, ¿quiénes son más irracionales, los animales o los seres humanos?

Desde la edad antigua hasta nuestros días, son numerosos los casos de crueldad despiada cometidas por el ser humano en contra de su prójimo. Los Imperios de Augusto, Nerón y Calígula, en la época Greco-Romana, el colonialismo, la Inquisición con el terror de sus hogueras, son algunos ejemplos. La esclavitud, los siglos de ignominia del colonialismo, son los responsables de verdaderos estragos en distintas culturas de nuestro planeta. Fueron largos períodos donde el desprecio a la dignidad humana, contribuyeron ampliamente a la elaboración de unas infames y estúpidas teorías y absurdos dogmas defendidos por quienes ostentan ínfulas de superioridad.

Hoy en día, el sinnúmero de personas que están siendo salvajemente reprimidas, sistemáticamente violentadas y brutalmente asesinadas, no es asunto oculto, la mayoría de ellas en nombre de una ideología política y lo que es peor, algunas en nombre del Estado.

Los últimos hechos de violencia son reprochables y algo anda mal en nuestra sociedad como para que un acto de intolerancia de dos agentes de policía termine con la vida de un ciudadano en hechos conocidos ampliamente por todos.

Es innecesario extendernos sobre las múltiples atrocidades cometidas por desadaptados que protestaron en Bogotá y otras ciudades del país, por supuesto que es entendible la indignación de la gente por un hecho que nunca debió ocurrir, pero ni siquiera la muerte injusta de una persona a manos de quienes están instituidos precisamente para defender la vida de los ciudadanos, debió producir tantos hechos de barbarie.

Igualmente, es reprochable la reacción violenta de la policía para contener a los manifestantes. No debió usar desmedidamente la fuerza ante la provocación de los vándalos y una vez más, se evidenció que la policía no está preparada para manejar la protesta social ni los actos de vandalismo. Se debe abrir el debate y aplicar las reformas que sean necesarias e indispensables para restablecer la empatía entre el policía y el ciudadano, la cual hoy está deteriorada.

Por si fuera poco, es evidente que detrás de los hechos de violencia, hubo personas dedicadas a alimentar el malestar social y la inconformidad de algunos sectores de la población. La forma como se manifestaron ciertos personajes deja ver fácilmente que en la sombra estaban interesados en alimentar el descontento de la ciudadanía.

Debemos replantearnos como sociedad civilizada, racional, a su vez, la Policía Nacional debe cambiar su accionar para que actúe con justicia y respeto, y así recobre la credibilidad y la confianza que esta importante institución ha venido perdiendo. ¡Hasta pronto!

 

 

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