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Opinión De Mario Benedicto Parra: El Papa y los homosexuales

Opinión De Mario Benedicto Parra: El Papa y los homosexuales –  Las declaraciones del Papa Francisco la semana pasada, sin duda, han vuelto a remover los estamentos más tradicionales de la Iglesia católica. Escucharle decir que la gente homosexual tiene derecho a una familia, que son hijos de Dios y que no se puede echar de una familia a nadie, ni hacerle la vida imposible por eso, es un cambio radical en el tono que acostumbraba usar la Iglesia en este tema. No es un secreto que a la Iglesia le ha costado y mucho dar un giro relevante sobre su percepción de los homosexuales.

Lo ideal es que el hombre sienta interés sexual y afectivo por una mujer, y la mujer sienta lo mismo por el hombre, es decir que sean heterosexuales; pero como no todo es perfecto en la naturaleza humana, existen hombres y mujeres que sienten atracción por el mismo sexo. Esta orientación homosexual no es una elección personal, según los científicos, está determinada por una compleja interacción de factores biológicos, ambientales y sociales.

Agrega el Papa que: “Lo que tenemos que hacer es una ley civil de convivencia civil. Tienen derecho a estar cubiertos legalmente”. Aquí conviene aclarar que en ningún momento el Papa ha hablado de matrimonio entre homosexuales, que exclusivamente corresponde a la unión de un varón y una mujer por el amor que se profesan para procrear o adoptar hijos y formar una familia, aquí debemos distinguir claramente que una cosa es el sacramento del matrimonio que es religioso y otra, la institución civil del matrimonio regulada por el Código Civil.

La homosexualidad no es una enfermedad ha dicho la ciencia. La homosexualidad no es un pecado, no es un delito ni es una decisión personal. El homosexual es una persona con una orientación sexual diferente, y deben tener, como todos los seres humanos los mismos derechos y deberes. No pueden ser marginados ni excluidos, merecen todo el respeto de sus congéneres y de las autoridades civiles y religiosas.

Pero todavía, persiste el comportamiento en muchas personas de no aceptar la homosexualidad. No debemos olvidarnos que gran parte del rechazo a los derechos de la población LGTBI+ tiene su origen en simples prejuicios religiosos, que vemos, se empiezan a derrumbar.

De otra parte, Colombia es un Estado laico y, al margen de cualquier religión, está en la obligación de otorgar los mismos derechos y deberes a “todos sus ciudadanos sin distinción”. Quede claro que el matrimonio es la expresión del amor que tiene una pareja y su compromiso de llevar un proyecto de vida juntos y no un contrato comercial.

Es evidente que el país debe discutir con seriedad la “unión civil” entre personas homosexuales. El hecho de que la cabeza de la Iglesia Católica se haya mostrado a favor es señal de que las instituciones pueden dar pasos importantes en contra de la discriminación y la exclusión. ¡Hasta pronto!

 

 

 

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