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Opinión De Mario Benedicto Parra: Infectados de mediocridad

Opinión De Mario Benedicto Parra: Infectados de mediocridad – Somos lo que decimos, somos lo que hablamos, somos lo que pensamos, somos lo que escribimos. El desagradable incidente generado por Nidia Guzmán, candidata a la rectoría de la Universidad Surcolombiana, en conversación vía internet, revela cómo se accede a este cargo y no propiamente por méritos y virtudes, sino por la intermediación de la mediocre politiquería de eternos gamonales políticos que no dejan prosperar el departamento del Huila; de la mediocridad que acude a la estrategia de los montajes y que nos carcome día tras día.

El sociólogo José Ingenieros en su obra “El hombre mediocre”, establece una división en tres tipos: Hombre inferior, hombre mediocre y hombre superior. En cuanto al hombre mediocre, precisa que es el carente de personalidad, no acepta planteamientos distintos a los recibidos por tradición y es sumiso a la rutina, los prejuicios y las domesticidades.

Retomando lo dicho por este connotado pensador, y sin temor a equivocarme, causa cierta preocupación ver cómo se consolida la mediocridad en nuestro país. La mediocridad se ha establecido en todos los órdenes de la vida privada y pública, en lo individual y lo social, y hasta en las ideas. El esfuerzo y el talento son ignorados, la cultura es arrinconada, la incultura se apodera de la sociedad, la vulgaridad se impone como moda para expresar cualquier idea y el insulto para exponer argumentos.

Cada día vamos de peor en peor. No falta el mediocre que crea que el pobre está en esa condición por vago. No falta el idiota que piense que en este mundo sólo existen machos y hembras y que no hay diversidad sexual. No falta el idiota que deje de leer a Neruda porque era mujeriego o no lea a William Shakespeare porque era homosexual. No falta el mediocre que piense que las mujeres que usan anticonceptivos son ateas. Los mediocres se inclinan más por la violencia, la guerra, la maledicencia, cuyo daño causado llega a ser irreparable, que por el camino de la paz.

Un país en el que la televisión está enfocada a los realitys y telenovelas, y empeñada en ensalzar a un presidente vacío del que se ríen de su ignorancia, está dejando mucho que pensar. Las emisoras están invadidas de música popular vulgar y reggaetón ordinario y chabacano. El país está perdiendo su identidad a pasos agigantados, muchos de sus ciudadanos reniegan de sus costumbres, su música, sus tradiciones.

La mediocridad de los políticos es tan evidente que hay un gran número de congresistas ignorantes, poco estudiosos de la Constitución Política, no pasan de ser simples figuras decorativas y no están preparados para desempeñar sus funciones; son congresistas del montón.

La mediocridad se muestra en los profesionales que hacen su trabajo a medias y evitan esforzarse más de lo necesario; se evidencia en los alumnos que estudian para un examen y no para la vida profesional.

Nuestro sistema educativo es mediocre y no por culpa de los profesores sino de la estructura diseñada en cuanto a variables claves de la calidad: la formación docente, el currículo, el liderazgo pedagógico y el clima institucional. Y, como resultado, el 50% de la población no lee nunca o casi nunca, porque ahora la moda es compartir en las redes simplezas y tonterías de toda clase; estamos inundados de cantantes de música popular, modelos e influencers y jovencitas mostrando el trasero.

Los horrores ortográficos en las redes son verdaderamente degradantes, ¿les parece normal que, en los comentarios sobre la revocatoria del mandato en Campoalegre, existan más de 50 errores ortográficos? ¿Qué está pasando entonces? Lo peor es que no falta el mediocre que piense que la ortografía no es importante, sino lo que se piensa y expresa. No es admisible que se maltrate nuestro idioma.

Los valores morales, el sentido común, el respeto y la admiración al prójimo están dejando paso al materialismo, la envidia, lo políticamente incorrecto, la mala educación, la vulgaridad y el insulto. Y el espíritu crítico y la creatividad atrofiados hasta tal punto que lo anormal está considerado normal.

Liberémonos de la vida mediocre. ¡Hasta pronto!

 

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