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Opinión De Mario Benedicto Parra: El juicio a Jesús

Opinión De Mario Benedicto Parra: El juicio a Jesús – Comienza la Semana Santa y qué mejor momento para recordar y analizar desde una perspectiva jurídica, histórica y religiosa la muerte de un inocente, Jesús de Nazaret.

Jesús vino a la tierra a ofrecer un discurso de paz, amor, perdón y lo mataron, algo parecido les sucede a quienes luchan por alcanzar la paz en nuestro país, los asesinan, los estigmatizan, por eso no se entiende cómo muchos de quienes dicen llamarse cristianos católicos y evangélicos apoyaron un gobierno que destruye la paz y que ha buscado por todos los medios hacer trizas los acuerdos de La Habana, cuando el nuevo mandamiento de Jesús es claro, la búsqueda de la paz.

El juicio a Jesús desde la perspectiva jurídica de hace más de dos mil años, por donde se analice, estuvo atestado de irregularidades legales:

Como el Sanedrín no tenían de qué acusarle legalmente, buscaron testigos falsos (tan de moda en estos tiempos) previamente sobornados, que incurrieron en grandes contradicciones e hicieron difícil una acusación coherente y veraz.

Fue acusado entonces por llamarse hijo de Dios y le achacaron el delito de blasfemia. Jesús se había equiparado a Dios. Era un delito de naturaleza religiosa, lo que afectaba los intereses de los hebreos y los romanos. Los ultragodos de la época, nunca imaginaron que un descachalandrado, hijo de un carpintero, fuera el hijo de Dios, tenían en mente a un hombre rico, descendiente de un Rey y con título de “Doctor de La ley”.

El Sanedrín vio en Cristo un peligro para los Fariseos, (en Colombia hace 75 años se consideraba un peligro a Jorge Eliecer Gaitán, hoy, el peligroso es Petro) que era un grupo político-religioso judío (en Colombia el equivalente es el CD, Conservador, Cambio Radical, U y algunos sectores del Liberal) que se lucraba con los sentimientos religiosos de los judíos; por lo que lo juzgó en un proceso plagado de violaciones a sus derechos humanos, como fueron haberlo capturado en secreto sin mediar orden de un magistrado. Caifás, permitió que la guardia maltratara y abofeteara a Jesús en su presencia, en contra de la Ley, que protegía al acusado hasta su condena; haberlo juzgado de noche, en una casa particular -en la casa de Anás, suegro de Caifás-, es decir, a puerta cerrada y no en el recinto oficial -que sería el equivalente a un juzgado o Tribunal en la actualidad-, sin recibirle testigos de descargo. Simultáneamente se le abrieron dos procesos, uno religioso ante el Sanedrín porque vivía en Judea (Israel) y se le aplicó el derecho hebreo y otro criminal ante el Gobernador Romano, regido por el derecho consuetudinario en el que se le aplicó el derecho Romano, porque era una provincia de Roma. A Jesús se le induce a que se auto inculpe del delito.

En cuanto al proceso criminal, a Jesús se le juzgó y condenó por los delitos de sedición y rebelión (los mismos punibles por los que se les juzga y condena a la mayoría de guerrilleros en Colombia), la actitud de Jesús podía implicar un intento de subversión política, crimen cualificado por las leyes romanas como de alta traición.

Jesús había puesto en tela de juicio la aplicación de la ley mosaica, había destapado la podredumbre de un sistema corrupto. El hecho de resucitar, curar a los enfermos, incluso el realizar actividades en el día sagrado, el sábado, fue poniendo cada vez más nervioso a Anás que estaba profundamente resentido hacia Jesús. La expulsión de los mercaderes y comerciantes del templo fue la gota que llenó la copa y lo que finalmente hizo que Anás ordenase su detención. En definitiva, Jesús había desacreditado el poder del Sanedrín y sus miembros no podían permitirlo.

Pero resulta que el Sanedrín no tenía competencia para juzgar los delitos de sedición y rebelión, ni siquiera para imponer la muerte por blasfemia, sin embargo, el Sanedrín juzgó y condenó unánimemente a Cristo. Es declarado “reo es de muerte”, acordándose remitir al condenado al procurador romano, Poncio Pilatos: “A nosotros no nos es permitido matar a nadie” (San Marcos, 14, 64, y San Mateo. 26, 66).

Entonces Cristo fue puesto a disposición Poncio Pilatos, el gobernador romano. Este era consciente de la inocencia de Jesús y sabía que todo era producto del odio y la envidia de quienes veían destapada su hipocresía, y por ello, se negó a ratificar la sentencia. Los miembros del Sanedrín eran principalmente fariseos que odiaban a Jesús. En especial, Caifás. Quizás por eso, Poncio Pilatos se lavó las manos, para no ser responsable de aquella injusticia.

Pero al final Poncio Pilatos, decide por miedo ante la presión de los fariseos, que azuzaron al pueblo, ofrecer un privilegio, consistente en dejar en libertad a un delincuente en las fiestas de la Pascua, sin embargo, la multitud no aceptó que fuera Jesús quien se liberara y prefirió liberar a Barrabas, un reo condenado a la crucifixión por homicidio.

Finalmente, Poncio Pilatos mandó crucificar a Jesús, previamente fue amarrado, escupido en el rostro, golpeado, flagelado y sometido a toda clase de vejámenes y torturas físicas y síquicas. La crucifixión, pena reservada para esclavos y criminales y no apelable ante el Emperador, se cumplió en la tarde del viernes en el Gólgota.

El juicio de Jesús es quizás el más importante de la historia, con la ilegal e injusta condena a muerte y ejecución de Jesús en la cruz, una muerte horrorosa, con crueldad, salvajismo y dolores insufribles. Han pasado más de dos mil años y comparado con lo que sucede en nuestro país, podemos concluir que poco hemos cambiado. ¡Hasta pronto!

 

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