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Opinión De Mario Benedicto Parra: Las Promesas Electorales

Opinión De Mario Benedicto Parra: Las Promesas Electorales – Lucharemos contra la corrupción. Acabaremos con la politiquería. Combatiremos la pobreza. Batallaremos por la desigualdad y la inequidad. Construiremos carreteras, puentes, hospitales, colegios. Trabajaremos por los más pobres. Reformaremos la justicia y la política. Bajaremos los impuestos -Menos impuestos más salario, prometió este gobierno-. Generaremos empleo. Disminuiremos el gasto en el sector público. Reduciremos los costos de los servicios públicos de agua, luz y gas. La educación será gratuita “para todos”. Los niños serán la prioridad en mi gobierno. Los jóvenes tendrán oportunidades laborales. Donaré parte de mi salario a los más pobres y necesitados. Los campesinos tendrán tierras y créditos para cultivar sus tierras. Trabajaremos por las mujeres cabeza de familia, la tercera edad y por los ancianos. Tendremos un mejor futuro. Somos el cambio. Somos la renovación.  Somos la salvación de Colombia. Puro bla, bla y bla y nada de soluciones.

Todas estas promesas y cientos más, se escuchan en los medios de comunicación, en las redes sociales y en las plazas públicas o se leen en los periódicos cada cuatro años en tiempos electorales; pasa el tiempo y poco es lo que se cumple.

Esos personajes que usted veía muy de seguido en campaña política con una sonrisa amable, cariñosa y simulada pidiéndole su voto, no los vuelve a ver ni en la sombra como dicen en Campoalegre.

Esa es la forma de hacer política en este país del Sagrado Corazón de Jesús; esos pobrecitos que en campaña política lo abrazan, lo besan y hasta lo visitan en su casa, como muestra de humildad y sinceridad, se ganan la miserable suma de 35 millones de pesos mensuales, más todas esas millonarias gabelas que reciben como congresistas: un tiquete de ida y vuelta a la semana si es un destino nacional y dos tiquetes mensuales si representan a una jurisdicción internacional. Además, reciben primas de navidad y vacaciones, el pago de sus líneas celulares y la gasolina de los vehículos entregados por el mismo Congreso para su transporte y protección, cuya manutención asumimos los colombianos con un costo cercano a los $10 millones. Y como si no fuera poco, también debemos pagarles los materiales y mantenimiento de sus oficinas y de sus Unidades de Trabajo Legislativo (UTL), que incluye hasta 10 empleados que deben sumar máximo $50 millones mensuales. Todo lo anterior sin contar con la repartición de cargos burocráticos del orden nacional y seccional.

Muchos, por no decir la mayoría, se la pasan calentando puesto, son del montón, no hacen nada por sus regiones, no trabajan, solo politiquean. El politiquero para ser elegido solo necesita de apoyo económico y prometer, prometer y prometer que así no cumpla, la gente ignorante y sin dignidad vuelve y elige a los mismos. Colombia requiere de un cambio urgente, una reforma política general y todo debe empezar por nosotros mismos.

Me despido con esta frase de Abraham Lincoln, presidente de los EEUU: “Se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”.

¡Hasta pronto!

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