Opinión De Mario Benedicto Parra: Alcahuetas – Hoy más que nunca queda en evidencia la alcahuetería, la manguala de los congresistas con la corrupción ante el despreciable delito contra la propiedad intelectual de la presidenta de la Cámara de Representantes Jennifer Arias. Una cosa es inspirarse en el trabajo de otros y otra es el plagiarlo.
Pese a las evidencias de la Universidad Externado que confirmó la existencia de plagio en su tesis de maestría en 2016, salen a flote todas las leguleyadas a favor de la plagiaria principalmente de los del Centro Democrático y los Conservadores, quienes salieron en bloque a defenderla en vez de aprovechar la oportunidad de dar buen ejemplo al país y sancionarla en forma terminante.
Una congresista que miente y manipula al congreso, que engaña al pueblo con descaro, no merece el mínimo respaldo político, ético y moral de sus colegas. Ahí está pintada nuestra clase política: descaro, cinismo, oportunismo, clientelismo, mentiras, engaño, grosería, lucha sucia por el poder, odio, manipulación. Nada bueno se les puede pedir. No va a pasar nada en manos de la caterva ultraderechista de este país amangualada con la corrupción. De pronto la Corte Suprema de Justicia -a la que le tienen miedo los uribistas- haga lo que tiene que hacer de manera oportuna y no esperar tanto tiempo como ocurrió con el corrupto exprocurador de Alejandro Ordoñez que lo destituyeron cuando ya había abusado del poder, cuando con su proceder doloso había mentido y confundido a los colombianos para sus oscuros intereses politiqueros.
Los filósofos de la Ilustración en el libro La Enciclopedia (página 679) definen plagio así: “es la acción de un escritor que saquea o roba el trabajo de otro autor, y que lo atribuye como si fuera el suyo propio”. Y aunque el plagio se asocia a la institución de la escritura, existe otro plagio, el verbal. Me refiero a los falsificadores y de todo tipo de mercenarios de promesas que sirven de plagio sin escrúpulos. Los plagiarios se arropan con un discurso aquí y con otro en el exterior al estilo subpresidente de Colombia.
Los cleptómanos de memes que olvidan que están plagiando, les falta “originalidad”, son una especie de ventrílocuos. Plagian todos aquellos que toman el nombre de Dios torcidamente para sus intereses politiqueros como en el tiempo de los herejes y blasfemos. Plagian los uribistas que utilizan acusaciones y mentiras para dinamitar la credibilidad de los rivales. Plagian los que repiten como loros amaestrados argumentos para desacreditar los discursos de los adversarios políticos; esos que dicen que “Nos vamos a volver como Venezuela”, “Castrochavistas” o que “Si gana Petro me voy del país”, no tienen nada de originalidad, no tienen nada que ofrecer, son unos copiantes verbales sin genio ni creatividad. Las mismas frases, las mismas palabras, hoy carecen de significado real.
Las mismas ideas subyacen como expresiones mediocres, las mismas frases sonadas, la repetición implica una degradación del pensamiento. De ahí el ridículo que muchos hacen, los plagiarios, los que no aprenden del pasado, seguidores ciegos de palabras comunes. Nuestro sistema es un plagio, un sistema de demagogos que entre nosotros ha estado por 200 años, sus banderas y sus promesas se han convertido en harapos.
Ese es precisamente nuestro Congreso: alcahuetas, una manguala de la corrupción. La tolerancia del pueblo colombiano se agota, ella tiene sus límites y ya los están pasando. ¡Hasta pronto!