Opinión De Mario Benedicto Parra: Apología a la mediocridad – En los últimos años he detectado algunos signos que invitan a pensar en que algo no va bien. La atención de la atribulada sociedad colombiana se vuelca masivamente en el conflicto sentimental de un personaje de la farándula por infidelidad. Los periódicos, las redes sociales y la televisión centran sus noticias en influenciadores y en cantantes de música popular o reggaetón: Yina Calderón, Epa Colombia, Yeferson Cossio, Luisa Fernanda W, La Liendra, Jessi Uribe, Paola Jara, Maluma, Daddy Yankee, Bad Bunny, Karol G., etc.
Definitivamente, algo no marcha. La verdad, no sé si estos ejemplos pueden enmarcarse como signos del fin de los tiempos, pero de lo que estoy seguro es que evidencian que vivimos en una sociedad que arrincona la excelencia y valora la mediocridad.
Actualmente, creo que contamos con una de las generaciones de políticos más mediocres de la historia de la democracia, a quienes su excesiva profesionalización en algunos casos y su exceso de dogmatismo en otros les impide desarrollar con eficacia su tarea; que no es otra cosa que la de servir a sus conciudadanos. Resulta lamentable presenciar debates para escuchar representantes públicos que tiran de argumentario a la hora de defender proyectos e ideas o simplemente recurren al insulto y a la descalificación de la más baja estofa y que entienden la política como un negocio o algo peor.
La mediocridad no sólo abarca a la política, sino que se extiende como una mancha de aceite a otros campos de la vida social y económica del país. Hay profesionales en todas las áreas del conocimiento con diplomas de posgrados incapaces de redactar un párrafo. Empresarios que aprovechan la crisis económica para soltar lastre sin reducir beneficios, profesores que ven en sus alumnos cifras y letras y no personas, médicos que miran a las personas como clientes y no como pacientes… la lista es larga y prolija.
Las cosas no mejoran. Hartos estamos de comprobar la capacidad de muchos servidores públicos para justificar conductas que consolidan esta actitud, con personajes a quienes cualquier distintivo que acredite una mínima autoridad los convierte en doctores o doctoras, ministros, senadores como Macías o presidentes como Pastrana o Duque. De todo hay en la viña del Señor.
Contra todo esto, sólo caben dos opciones: poner manos a la obra para mostrar que otra forma de hacer las cosas es posible o sumarse a la caterva de mediocres que nos rodean. ¡Hasta pronto!