Opinión De Mario Benedicto Parra: Que los debates no se conviertan en una gallera – Estamos viviendo uno de los debates electorales más reñidos que se hayan visto en décadas. Algunos personajes públicos han asumido como habitual el lenguaje del insulto, la crispación y la demagogia. La agresividad contra el que no comparte las propias ideas no les otorga mayor razón, ni contribuye a un debate socialmente útil.
Cuando las reacciones a las propuestas o críticas sortean el fondo de la cuestión para pasar a centrarse en lo personal, no de ja de ser impresentable, indigno. Las réplicas se vuelven violentas ya sea porque se tergiversa o se miente y todo dentro de esa parafernalia sin argumentos de fondo dispuesta a ganar votos.
El insulto no debe seguir siendo una forma de debate público, los candidatos emplean bastantes más insultos que argumentos, muchas veces están movidos más por afán de protagonismo que por presentar propuestas serias.
Hay candidatos que demuestran una irritación ante la crítica social que resulta absolutamente impropia de un político, cuando todos los temas son clave para asegurar la calidad de la democracia y permite que las decisiones públicas se basen en un conjunto más amplio de opiniones e intereses, pero la realidad está demostrando una vez más que -y como opinan muchos colombianos- hay ausencia de argumentos y sobran los insultos, las injurias y calumnias.
Por eso, en estas elecciones es importante la opinión del elector porque lo que vemos como tradicionalmente ha ocurrido es que los movimientos y partidos políticos buscan direccionar a la gente, restringiendo así la libertad de voto que tiene derecho todo ciudadano.
Tengamos en cuenta que la decisión de cada persona es individual y secreta y no debería presentarse ninguna forma de coacción al elector, se debe respetar la conciencia y la honestidad de los electores el día de los comicios. La influencia mal intencionada de los politiqueros se combate con la seguridad y el criterio de cada elector; se vence con la democracia, base fundamental del Estado colombiano.
Paremos esta ola de ofensas, de mansajes que incitan al odio, de acusaciones mutuas, acabemos con las mentiras y las noticias falsas, hablemos con la verdad y recordemos que nadie tiene derecho a ofender a otro por el simple hecho de tener un concepto político diferente.
Los colombianos queremos debates con altura, con argumentos, con cuestionamientos, con objetivos claros y compromisos serios y precisos ante los problemas que vive nuestra nación y no una gallera donde gana el que más insulta. ¡Hasta pronto!