Opinión De Mario Benedicto Parra: El perdón el insumo milagroso – “Padre: Perdónalos porque no saben lo que hacen”, (Lucas 23, 24). Es impresionante esta palabra que dijo Jesús en la cruz porque pide el perdón para los que le habían mandado a la muerte. Murió amando hasta el final, perdonando.
Jesús presentó de Dios la imagen de un padre misericordioso y enseñó a perdonar al hermano hasta 70 veces siete —es decir, todas las veces que falle-. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿De qué depende el perdón, de la “gravedad” de la ofensa o de la “capacidad” de perdonar que tenga el ofendido?
Deténgase por un momento para recordar que Dios es más misericordioso que usted, y en lugar de fijar su atención y dedicarle mala fama a lo que hizo el otro, hágase consciente de que todavía le falta crecer espiritualmente mucho más, tanto como se necesitaría para ser capaz de perdonar lo que está juzgando del otro.
Escuchar es lo más importante, de pronto la otra persona tiene una visión distinta de lo que ha ocurrido y ahora le dirá todo lo que pensaban de forma sincera, opiniones que igual llevaban tiempo callando por circunstancias a veces infantiles.
Los problemas de la vida requieren comprensión y perdón, pero ¿cómo puedo perdonar a esas personas que me traicionan? Con el ejemplo de Jesús. Una de las verdades más asombrosas fue que Jesús amó y les lavó los pies a sus discípulos, aunque sabía que ellos luego lo abandonarían (Marcos 14:50). Fue increíble el hecho de cómo Jesús estuvo lavando los pies de Pedro, quien lo negaría tres veces (Lucas 22:54-62). Pero aún más inconcebible fue cómo Jesús amó y lavó los pies de Judas, quien luego lo traicionaría (Juan 13:11, 27). Con pleno conocimiento de que él iba a ser abandonado, negado y traicionado, sus acciones representaron las palabras: “te estoy amando, te estoy perdonando”. Si Judas hubiera entendido esto, es posible que él se hubiera arrepentido, pero la traición ya se había apoderado de su corazón (Juan 13:2).
Mientras estemos en esta vida terrenal, viviremos con gente imperfecta y existirán los malos entendidos y con regularidad las mejores intenciones se interpretan mal.
Que Dios nos bendiga a todos para que siempre llevemos en el corazón el verdadero espíritu de perdón. Que pasen una agradable Semana Santa. ¡Hasta pronto!