Opinión De Mario Benedicto Parra: Predican, pero no aplican – Vivimos en un país donde lo que prima es la hipocresía en todos los ámbitos: política, justicia, economía, educación, religión, relaciones entre personas, etc.
¿Cómo se le dice a una persona que predica, pero no aplica? Incoherente: persona que predica un modelo, unos valores y no los cumple.
Esa incoherencia ya viene de siempre. Jesucristo dijo:” Haced lo que os dicen, pero no lo que hacen”. Lo decía refiriéndose a los hipócritas.
Hay quienes exigen justicia, pero si podemos hacerla por mano propia, sin que nadie lo note, mejor. Y si podemos manipular a la opinión pública para que además piense que hemos actuado justamente, muchísimo mejor. Dicen los políticos que es muy importante luchar contra la injusticia, pero son ellos mismos quienes la siembran por donde quiera.
Hay personas que dicen que es muy importante la solidaridad, pero no son capaces de desprenderse de un peso acogiéndose a las disculpas más diversas. Que hablan de la responsabilidad pero que no son capaces de actuar con un mínimo sentido del deber. Que sermonean sobre la importancia del esfuerzo pero que no son capaces de hacer el mínimo empeño. Hay personas que defienden una posición ideológica, que ni ellos mismo comparten, ni saben lo que es.
Algunos sacerdotes predican desde el púlpito el respeto por los niños, pero practican la pederastia. Hay políticos que hablan de corrupción y tienen las arcas personales llenas de lo que han robado a sus conciudadanos. Hay profesores que invitan a sus alumnos a ser apasionados lectores y son incapaces de leer un libro de treinta páginas. Sus discursos contradicen los hechos.
Una cosa es predicar y otra dar trigo, dice el refrán. Hay muchos que predican, pero dar trigo es más complicado. Decir y proclamar libertad y luego ser esclavo es una incongruencia o decir igualdad y luego poner el egoísmo como ejemplo o modelo del comportamiento es hipocresía. Esa hipocresía no solo resta valor a las palabras, sino que provoca repulsa e indignación.
Comparto con ustedes la anécdota que se cuenta de Mahatma Gandhi. Una madre le llevó a su hijo de seis años y le suplicó:
– Se lo ruego, Mahatma, dígale a mi hijo que no coma más azúcar, es diabético y arriesga su vida haciéndolo. A mí no me hace caso y estoy sufriendo por él.
– Lo siento, señora, ahora no puedo hacerlo. Traiga a su hijo dentro de quince días.
Sorprendida la mujer le dio las gracias y le prometió que haría lo que le había pedido. Quince días después, volvió con su hijo. Gandhi miró a los ojos al muchacho y le dijo:
– Chico, deja de comer azúcar.
– ¿Por qué me pidió que lo trajera dos semanas después? Podía haberle dicho lo mismo la primera vez.
Gandhi respondió:
– Hace quince días yo comía azúcar.
Esta anécdota de Gandhi es un claro ejemplo que describe la coherencia entre la palabra y los hechos y para aconsejar hay que aplicar lo que se predica.
¡Hasta pronto!