Opinión De Mario Benedicto Parra: El poder de la mentira – Me he sentido engañado muchas veces en la vida y me he revestido de escepticismo para sobrevivir. En una opinión anterior, reflejé la necesidad de un espíritu crítico para poder sobrevivir en esta jungla de grandes, medianas y pequeñas mentiras, de medias verdades, mentiras piadosas, faltas a la verdad y cínicos pragmatismos.
Quiero en estas líneas abrir un poco el orificio de la visión para referirme a todos aquellos que dicen mentiras en la política, en los medios de comunicación, en las relaciones personales y en general, en todos los ámbitos de la vida. También de quienes las escuchan impávida e ingenuamente. Intento llamar la atención sobre la necesidad de estar atentos a las falacias y a los engaños. Cuántas mentiras. Y las mentiras no son sólo errores de información, suponen un intento explícito de engañar. Por eso es muy importante desarrollar las estrategias para detectar y rechazar mentiras.
Muchas mentiras están empotradas en el lenguaje. Hay muchos sofismas que adulteran la argumentación. Es preciso saber descubrirlos para no dejarse engañar. Otras, sencillamente se explican por la credulidad de los destinatarios. ¿Cuántas veces nos engañan? La primera vez es por culpa de los mentirosos, la segunda y siguientes por culpa de quienes nos dejamos engañar. Hay que estar alerta, hay que aguzar el ingenio para descubrir las trampas de la política, de la publicidad y de los medios de comunicación.
Lo cierto es que la vida pública colombiana ha adquirido un tono general de mentira estridente que resulta difícilmente soportable. Como suele suceder con los grandes falsarios, todos se acusan mutuamente de engañar, pero cuanto más alardean de honestidad, menos fiables resultan. Aristóteles decía que, para ser convincente era mejor utilizar una mentira creíble que una verdad increíble. Pero aquí ya ni se molestan en ser buenos farsantes y sueltan sin pudor mentiras increíbles, porque de alguna manera parece que mentir no importa, que la sociedad se ha resignado a ello como si fuera algo inevitable.
Si reaccionamos ante la mentira patente con más contundencia, no volverían a mentir con tanta facilidad.
Me despido con esta cita bíblica: “Los labios mentirosos son abominación a Jehová, pero los que actúan con verdad son su deleite” Proverbios 12:22.
¡Hasta pronto!