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Opinión De Mario Benedicto Parra: Romper sofismas

Opinión De Mario Benedicto Parra: Romper sofismas La época que atraviesa nuestra sociedad es muy peligrosa. Parece que lo único que importa es ganar al otro, competir con él y derrotarle, pero lo peor es que, algunas veces, para conseguir ese éxito, no importa la naturaleza de los medios. Hay que desmontar esa filosofía que nos lleva al deterioro moral de la sociedad.

Se hace necesario romper el sofisma que asola el discurso político, económico, deportivo y pedagógico, entre otros aspectos, en cuanto que lo eficaz es verdadero, lo verdadero es justo, luego lo eficaz es justo. Se declara la ley de extrema competitividad, pero sin tener en cuenta las circunstancias que se pueden presentar en cada caso. Es como organizar una carrera atlética sin tener en cuenta que un deportista es cojo, que a otro le falta una pierna, que otro está desnutrido, pero con la idea de las leyes de la competitividad se dirá que la carrera es justa: que gane el mejor.

La competitividad es uno de los “perjuicios” que desde otrora dañan las instituciones públicas y privadas, las escuelas, colegios y universidades. Actualmente si no somos los primeros en algo no vale, da igual el esfuerzo que tengas que hacer para llegar donde llegaste, como no eres la primera persona no se reconoce. Esto no genera más que una pérdida de sentido de lo que hacemos. La fuente de motivación para hacer algo reside en ser mejor que otra persona, y por desgracia, a toda costa. Da igual a quién nos llevemos por el camino mientras lleguemos primero. Vale todo: pisar al otro, hacer trampas, decir mentiras, sobornar al poderoso.

Cuentan que dos agricultores se vieron implicados en un pleito. Uno de ellos le preguntó a su abogado si no sería una buena idea enviarle al juez unos regalos. El abogado se mostró horrorizado. El juez en cuestión era una persona que se enorgullecía de su incorruptibilidad. Un gesto como éste produciría justamente el efecto contrario. Una vez concluido y ganado el juicio, el agricultor invitó a su abogado a cenar y le agradeció el consejo referente a los regalos. ¿Sabe usted? Al final acabé enviando los regalos al juez bajo el nombre de nuestro oponente.

Las comparaciones siempre han sido odiosas, y sobre todo porque siempre hay alguien que pierde, y ¿esto nos ayuda a mejorar? Pues no, sería mejor centrar las fuerzas y los recursos en acciones positivas que mejoren la calidad de vida. Existe una perniciosa y muy poco rigurosa forma de pensar. A veces se oye decir, por ejemplo, que tal o cual deportista es el mejor de toda la historia. Como si se pudiera comparar a un boxeador con un futbolista, a un arquero con un ciclista. Y a todos ellos con un basquetbolista. Como si fuese posible hacer una escala comparativa entre personas de distintas épocas, de distintos lugares, de diferentes condiciones.

El planteamiento que deseo llevar a los lectores es sencillo, pero a mi juicio, importante: No se trata de ser el mejor de todos, sino el mejor de nosotros mismos.

¡Hasta pronto!

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