Opinión De Mario Benedicto Parra: Virtud versus corrupción, esa es la cuestión – Evito escribir sobre lo “machacado” en los periódicos y noticieros en temas políticos o económicos porque considero que no es grato presentar a los lectores constantemente áridos y desagradables análisis, pero en esta columna voy hacer la excepción sobre el tema la corrupción en Colombia.
Al revisar de literatura sobre los estudios de corrupción en Colombia, se evidencia una verdad por todos conocida que, en todos los gobiernos, sin excepción alguna, ha existido la corrupción y existirá porque es un problema patológico y estructural de nuestra sociedad y de nuestro sistema político, difícil de acabar.
Algunos piensan que la corrupción es inherente a la condición humana. No es fácil saber si hay hoy más o menos corrupción que en el pasado. Eso es algo muy difícil de medir y de probar y, a falta de análisis rigurosos, que brillan por su ausencia, lo que al respecto se viene diciendo pertenece al ámbito de la diatriba política cotidiana, en la que cada cual calla o minusvalora la corrupción propia y magnifica la ajena.
Basta con repasar los hechos de corrupción más conocidos de algunos de los últimos gobiernos: Julio César Turbay Ayala (1978-1982), mandatario que dejó como herencia la bonanza marimbera y sus nexos con el narcotráfico según informe de archivos desclasificados de Estados Unidos del mes de abril de 2024; Belisario Betancur Cuartas (1982-1986), corrupción con recursos del desastre de Armero; Ernesto Samper Pizano (1994-1998), proceso 8.000, ingresos de dinero del narcotráfico a su campaña electoral; Andrés Pastrana Arango (1998-2002), escándalos de corrupción en Chambacú y Dragacol. Además, los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, capos del extinto cartel de Cali, acusaron a Pastrana de chantajearlos para tapar casos de corrupción de su entorno y dijeron haber ayudado económicamente su campaña política; Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), los escándalos de la yidispolítica y de las chuzadas, Agro Ingreso Seguro, Carimagua, falsos positivos; Juan Manuel Santos Calderón (2010-2018) escándalos en los casos de Odebrecht, Reficar, Electricaribe; Iván Duque Márquez (2018-2022), 5 billones de pesos de 8 instituciones estatales terminaron en poder de los corruptos en el anterior gobierno. Escándalos en Prosperidad Social, Sociedad de Activos Especiales-SAE, Unidad Nacional de Protección-UNP, Unidad de Víctimas, Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo – UNGRD, en esta última, hubo contratos irregulares y se destinó más de medio billón de pesos para beneficiar a congresistas; Sistema General de Regalías, más $3,8 billones fueron sustraídos mediante el pago de coimas a funcionarios de distintos niveles del gobierno Duque; Centros Poblados, el famoso Abudinear, se robaron 70 mil millones de pesos de la educación de los niños; Gustavo Petro Urrego (2022 a hoy), escándalo en la UNGRD, Olmedo López.
Sin llegar a extremos, ningún país está libre de este problema, dado que tiene algunas causas profundas y comunes, la principal de las cuales es la pérdida de los valores del servicio público y la identificación exclusiva del éxito personal y colectivo con el lucro y el beneficio económico a cualquier costo.
No es fácil hablar de corrupción como una vergüenza en un país en el que se la tiene como una virtud, un comportamiento impunemente permitido, que creen que hace parte de la naturaleza humana.
La gran reforma debería empezar con la decencia de quienes rigen los destinos de la comunidad.
¡Hasta pronto!