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Opinión De Mario Benedicto Parra: Palabras que insultan, palabras que curan

Opinión De Mario Benedicto Parra: Palabras que insultan, palabras que curan –

– Nunca me dices que me quieres, reclama la esposa con frustración.

– Eso ya te lo dije hace diez años en Campoalegre, responde el marido.

He leído un libro sobre acogedor, “Las palabras que curan” es el título y lo ha escrito el español Alex Rovira Celma. Dice el autor que gracias a las palabras percibimos las diferencias, los contrastes y nos acercamos al mundo. Con ellas creamos y exploramos universos reales e imaginarios. Son puente y camino para conocer y reconocer al ser próximo, descubrir sus matices, su humanidad y son también el vehículo para llegar hasta nosotros mismos.

Creo en que las palabras son amores y no solo las obras son amores como dice el refrán “Obras son amores y no buenas razones”; en la misma línea se mueve la afirmación “Las palabras se las lleva el viento”, por eso, algunos son reacios a las expresiones de amor, a lo que llaman despectivamente palabrerío.

Con el tema de hoy, deberíamos pensar mucho antes de hablar, pues toda palabra dicha no se borra jamás, tanto las de amor como las de dolor. Escuchemos antes de hablar y hablemos si es necesario porque las palabras pueden quedar gravadas en la eternidad de nuestro pensamiento.

Bien se sabe que los hombres son evasivos al expresar los sentimientos quizá sea por machismo y porque todavía les funcionan los prejuicios de la hombría. Sería bueno una pequeña dosis de expresividad, de libertad sana que no caiga en la temeridad, para consagrar la dignidad de la palabra y de la verdad, claro que, como decía Montaigne “las palabras son mitad de quien las pronuncia y mitad de quien las escucha”.

De igual modo, hay mucha gente que habla por hablar, es un hábito que incomoda y se nota, porque cuando esto se produce se dicen cosas insustanciales, huecas muchas veces. Hay personas que temen el silencio y por ello hacen uso del hábito al que me estoy refiriendo. Cuando el silencio es necesario hay que saber moverse en él también. Recuérdese aquel sabio proverbio árabe: “No abras los labios si no estás seguro de que lo que vas a decir es más hermoso que el silencio”.

Existen palabras que acarician, consuelan, insultan, motivan, fortalecen, decepcionan, debilitan, iluminan; hay palabras que guían, que explican, que persuaden, que llevan a la paz a través del diálogo y de la negociación. Las palabras se deslizan, navegan, acompañan, alientan, las palabras como el silencio destruyen, como prescindir de ellas, como dejar que no fluyan, como permanecer callados, salvo cuando lo que vamos a expresar nos desborda el alma, ahí las palabras dejan paso al silencio, porque ellas no pueden decirnos nada.

He de referirme también a que es conveniente saber expresarse, aprender a decir lo que se quiere decir y a callar lo que se desea callar. Para expresarse con precisión es necesario utilizar las palabras adecuadas para no lastimar a las demás personas, como le ocurre al marido con su esposa al inicio de este escrito.

Una palabra inapropiada o equivocada, cambia sustancialmente lo que queríamos expresar y no siempre se dice aquello que se debería o se quería decir, de pronto con la palabra se insulta, se calumnia, se difama, se engaña y se miente. No se trata de hablar por hablar y, mucho menos, de hablar para ofender, sino de poner la palabra al servicio de la comunicación, de la verdad y del bien.

¡Hasta pronto!

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