Opinión De Mario Benedicto Parra: Entre la decencia y la estupidez – Los que vimos por televisión la instalación de las sesiones del Congreso por parte del presidente Gustavo Petro, es muestra clara de la decadencia política y la ramplonería de la actual oposición en que está sumido el país.
Vimos a una oposición deslucida y raquítica en argumentos e ideas, al recurrir a ataques personales al mandatario sin centrarse en asuntos de fondo y exigir que el actual gobierno haga en 2 años lo que en 200 ellos no hicieron.
El presidente de la República, Gustavo Petro, ha tenido la compleja tarea de contener el desempleo, la alta inflación y la pobreza, cuyos niveles aumentaron en los gobiernos anteriores. El deterioro del orden público y la seguridad, el aumento de guerrilleros y paramilitares se debe a la negligencia del gobierno anterior que se dedicó hacer trizar los acuerdos de paz, entorpecer el funcionamiento de la JEP, poner todas las trabas legales para no poner en marcha lo logrado en los acuerdos de paz, mantener privilegios excesivos para ciertas empresas, multinacionales y altos salarios del Estado. Hicieron gala de una oportuna memoria selectiva frente a las embarradas y escándalos de Uribe, Santos y Duque, pero las élites económicas y políticas y sus medios de comunicación, que se han ensañado contra el gobierno, le atribuyen todos los males a Petro.
Recordemos que en el gobierno anterior fue cuando más se elevaron los precios en los productos básicos y de la canasta familiar y se afectó el abastecimiento de insumos agrícolas. Cómo olvidar tan rápido que Duque le regaló al gobierno interino de Guaidó, la empresa productora de insumos agrícolas Monómeros. Fue el gobierno anterior el que dejó una deuda pública de 86 billones de pesos y que este gobierno ha tenido que pagar. Cínicos en la medida que dejaron este país con una informalidad laboral del 56,5%, el precio del dólar por encima de 4.450 pesos y altos costos en las tarifas de energía.
Este fue el país que recibió Gustavo Petro: El déficit fiscal más crítico en toda su historia; deudas con el sector salud por más de 5.600 millones de dólares;la inflación más alta de los últimos veinte años; aumento de las tasas de interés;elevada desforestación con daño a los ecosistemas; desestabilización económica de las EPS;aumento de la pobreza y la desigualdad en la zona rural, desfinanciación de los programas sociales.
Mientras la oposición se dedicó a señalar a Petro lo que nunca hicieron para frenar y enfrentar la corrupción en los gobiernos pasados de los que fueron socios Cambio Radical, el partido de David Luna y el Centro Democrático del insulso Miguel Turbay, la ciudadanía no olvida la corrupción en Chambacú, Ocad Paz, FonColpuertos, Invercolsa, Dragacol, Cajanal, Agro Ingreso Seguro, Agro Ingreso Seguro–Ubérrimo, Carrusel Bogotá, Dirección Nacional de Estupefacientes, SaludCoop, Caprecom, Dian, Interbolsa, Reficar, Odebrecht, Coljuegos, Corpourabá, Llanopetrol, Colpensiones, El Guavio, Fidupetrol, Chirajara, Hidrohituango y como si no fuera poco los 70 mil millones que se robaron en el gobierno Duque con el famoso “Abudiniar”.
Lo que vimos en el Congreso fue lo mismo de siempre en estos tres últimos años: pobreza intelectual y mucha basura en insultos y diatribas sin afrontar los retos que tiene la nación, unos sectores políticos incapaces de asumir fracasos, inoperancia y falta de efectividad cuando han tenido el mando del Estado, mientras que Petro sí tuvo la humildad y la valentía de pedir perdón por los hechos de corrupción en la UNGRD. En el gobierno anterior de Iván Duque, otro episodio similar salió a la luz pública. Pierre García fue imputado en 2023 por delitos de concierto para delinquir e interés indebido en la celebración de contratos. García, aprovechando su cargo en el Departamento para la Prosperidad Social (DPS), habría orientado irregularmente la celebración de un contrato interadministrativo por 48.660 millones de pesos y de otros 27 proyectos relacionados. Sobre esta corrupción en la administración de Duque, un político uribista de la orilla opuesta al actual gobierno, nunca pidió perdón y no hubo escándalo mediático como el que ahora se presenta.
El espectáculo del domingo, muestra la realidad que vive Colombia hoy: una oposición violenta, mezquina y mediocre que no reconoce sus propias culpas. Este suceso, tan elocuente como preocupante, me ha llevado a plantear la importancia de las formas de respeto como un modo de reconocer la dignidad de las personas. Algunos políticos mantienen un trato respetuoso hacia sus compañeros, pero preocupa la existencia de comportamientos groseros y el deterioro del respeto que exige la vida en común. No todo vale. Cuando se pierden las formas en el Congreso, existe un añadido de perversión porque el recinto congresional es el lugar indicado para expresar respeto y se está poniendo sobre el tapete de forma dramática el problema de la convivencia no solo en el Congreso, también en las Asambleas Departamentales y Concejos Municipales que se aprende de una forma inequívoca, a través del ejemplo.
Toda persona tiene dignidad merecedora de todo el respeto. Es más, si hubiera que insistir en un plus de respeto, habría que hacerlo en favor de los más débiles, de los más pequeños, de los menos poderosos. ¿No es más necesario pedir a los docentes de las facultades de medicina que respeten a los residentes que insistir en que los residentes deben respetar a los docentes? Es inquietante la denominación de “superiores” e “inferiores” aplicada a las personas.
Pero claro, una cosa es babosear con la ridiculez y otra faltar al respeto de forma persistente y ostensible. La urbanidad es una virtud cívica, es la forma de manifestar respeto a los demás. Por eso, es importante aprender a vivir en sociedad, pero también aprender a ser críticos con esas formas de relacionarse. Agresiones, insultos, frases soeces, grito; parece el comportamiento normal. Es más, el deseable. Quien guarda las formas y se muestra respetuoso recibe el calificativo de tonto o de insociable.
No saludar a los congresistas y a los invitados, como hizo el ordinario de Polo Polo, en aras de la sinceridad y de la libertad no es más que grosería y falta de respeto. Cuando hablo de buenos modales me estoy refiriendo al respeto que se debe a las personas, al respeto que nos debemos a nosotros mismos.
Una forma de desarrollar y perfeccionar la democracia es cultivar las formas de respeto que están encerradas en la cortesía. El mal ejemplo en el Congreso es el reflejo del comportamiento vergonzoso ocurrido en el estadio de Miami en la final de la Copa América.
Coda: Elecciones en Venezuela el domingo 28 de julio. Vamos valiente oposición, hay que sacar esa dictadura maligna para que en el vecino país pueda haber paz. Maduro ensució los procesos democráticos del pueblo venezolano y la derecha los utiliza para satanizar a los gobiernos de izquierda de Latinoamérica.
¡Hasta pronto!