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Opinión De Mario Benedicto Parra: Bofetada

Opinión De Mario Benedicto Parra: Bofetada – Hay indignación por la decisión de los congresistas del Centro Democrático, Cambio Radical y algunos miembros del Partido Verde de eliminar de la reforma laboral tres artículos que beneficiaría a los trabajadores rurales. Esta decisión es una bofetada a los campesinos; los han humillado, despreciado y dejado en condiciones de desigualdad.

Esos congresistas de la ultraderecha que ganan 48 millones de pesos mensuales, por qué hacer esto, por qué se oponen a que un campesino pobre gane un salario mínimo.  Estos politiqueros han traicionado al campesinado y a los principios de justicia social y equidad que deberían guiar las políticas públicas; son los artífices históricos de la aberrante desigualdad de este país y su violencia eterna.

El problema no es Petro, es el Congreso y las altas Cortes que han bloqueado las reformas para el cambio, perpetuando el statu quo como dé lugar.

Lo que más llama la atención es la celebración de representantes de la oposición como Miguel Polo con megáfono en mano. Celebraron los miserables de la oposición argumentando que los artículos eliminados no solucionan los problemas estructurales del sector agropecuario.

La búsqueda de la justicia social se convirtió en el propósito de la OIT, por ello, hace más de 100 años, la convicción de que la paz universal y permanente solo puede basarse en la justicia social, llevó a los constituyentes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hacer realidad este mandato, destacando el rol que debe tener el trabajo digno como una vía para acelerar el acceso a un desarrollo sostenible, inclusivo y con justicia social para toda la sociedad. 

En Colombia, sin embargo, el trabajo está lejos de cumplir cabalmente ese rol. Hoy, el 68% de la población ocupada, según datos del DANE, trabaja en la economía informal, sin acceso a derechos laborales, con ingresos menores al salario mínimo vital y sin protección social, los campesinos son los más afectados por la informalidad.

Pese a todo, las comunidades campesinas resisten y se organizan para vivir y trabajar el campo en paz y en dignidad. Los campesinos y las campesinas persisten en la defensa de los derechos que les son sistemáticamente negados y en la reivindicación de las economías campesinas, familiares y comunitarias. Los campesinos nos dan de comer, pero los que les negaron sus derechos a un trabajo digno, no reconocen la precariedad de la vida en el campo.

Supongo que esos politiqueros, ahora que se acercan las elecciones al Congreso, con el cinismo que los caracteriza, comiencen a visitar como es costumbre, pueblos y veredas a pedir el voto de los campesinos. Supongo que esos politiqueros hipócritas que incrementaron el costo de las semillas modificadas genéticamente, que prohibieron el uso de semillas ancestrales de las que sí podían obtener nuevas semillas y que se las arrebataron -como ocurrió en Campoalegre, Huila hace unos años atrás-, llevarán nuevamente el mensaje de enaltecer a los campesinos con hermosas palabras, se tomarán fotos con los campesinos típicos, con sus manos callosas, llenas de tierra. Asumo que esta vez les irá mal.

¡Hasta pronto!

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