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San Juan y San Pedro: las raíces de una fiesta que une al Huila

Antes de que existiera el Festival Folclórico y Reinado Nacional del Bambuco, las celebraciones de San Juan y San Pedro ya marcaban profundamente la identidad cultural del Huila, especialmente en Neiva y sus veredas. Desde el siglo XIX y hasta mediados del XX, estas fiestas eran verdaderos encuentros comunitarios que combinaban tradición, gastronomía, danza, música y religiosidad.

Preparativos con meses de anticipación

En veredas como Baché, Fortalecillas, El Danzante y Peñasblancas, los campesinos iniciaban los preparativos del San Juan con mucha antelación: se engordaba el cerdo, se elaboraban mistelas con aguardiente, hierbas y esencias, y se alistaban los vestidos nuevos, las alpargatas de fique y los sombreros de pindo. Las casas se pintaban y aseaban para recibir a los visitantes, que solían llegar desde la víspera.

Fiesta, coplas y baños en el río

El día antes del San Juan se sacrificaba el cerdo y a veces corderos. La fiesta arrancaba con bambucos y bailes que se extendían hasta el amanecer. Al día siguiente, luego del desayuno, todos se dirigían al río más cercano para el tradicional baño, donde las mujeres lucían sus nuevos chingues y los tipleros entonaban coplas campesinas.

San Pedro: música, toros y danzas tradicionales

La fiesta continuaba hasta empatar con San Pedro. En Neiva, las celebraciones comenzaban con alboradas a las cinco de la mañana, seguidas de misa solemne y almuerzos con asado de cerdo, insulsos, arepas, y chicha de maíz. En la plaza central, grupos folclóricos presentaban danzas como la de los Matachines, el Cordón o los Chicoras.

Durante tres días se realizaban corridas de toros en la Plaza de San Pedro, que era adecuadamente encerrada con palcos. En las noches, los bailes familiares llenaban los barrios tradicionales de Neiva: San Pedro, Quebraditas, Los Mártires y El Altico.

Un evento de todo el pueblo

En 1956, la revista Semana destacaba esta celebración como uno de los eventos folclóricos más importantes del país. Participaban todos los estratos sociales en comparsas, danzas, desfiles, degustaciones de comida típica y espectáculos musicales. Se incluían juegos tradicionales como la “desabezadura del gallo” y el estreno de obras musicales compuestas especialmente para la ocasión.

Así eran los festejos sampedrinos en el Huila antes de institucionalizarse el festival que hoy conocemos. Una herencia viva que aún palpita cada junio, recordando el espíritu festivo, solidario y creativo del pueblo huilense.

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