Opinión De Mario Benedicto Parra: La amenaza del fascismo en el mundo – A menudo intento pensar que la humanidad había mantenido distancia con el fascismo, derrotado después de la Segunda Guerra Mundial, pero no es así, el fascismo tendría un cuerpo doctrinario más fuerte, marcado por su carácter de extrema derecha, ultranacionalista y xenófobo.
Lo preocupante sería que algunos liderazgos se inclinaran por el camino que conduce nada menos que al fascismo; el presidente Trump de Estados Unidos sería un ejemplo emblemático, que enfatiza el discurso polarizador en contra del pueblo latinoamericano y se apela a la violencia y se busca la instauración de dictaduras abiertas que encarnen la voluntad de los líderes sin restricciones institucionales. Este tema debe generar interés y debate porque advierte que el desplazamiento del populismo hacia el fascismo sería una seria amenaza para muchas de nuestras democracias, asediadas por una ola autocrática que recorrería el mundo.
El fascismo termina recurriendo a cuatro prácticas muy evidentes: el uso de la violencia y la militarización de la política; el uso de mentiras, mitos y propaganda; el recurso de la xenofobia y, por último, la construcción de formas dictatoriales de régimen.
En nuestro país, el referente más cercano al riesgo de pasar de un populismo de derecha radical a posturas abiertamente fascistas se encarna en el Centro Democrático, en Santiago Botero, el candidato del “balín” y en Abelardo de la Espriella. Cómo podríamos calificar lo que sucedió la semana pasada con el concejal del Centro Democrático, Andrés Felipe Rodríguez Puerta, que salió con un bate de béisbol a encarar agresivamente a los manifestantes en Medellín durante una marcha pro Palestina. El concejal desafía y amenaza a personas desarmadas, rodeado de funcionarios de la Alcaldía y de particulares, que aparte de gritar “qué viva el paramilitarismo”, agredieron brutalmente a algunos manifestantes y asumieron funciones de fuerza pública que no les corresponde. Cómo calificar al candidato del “balín” que piensa que los problemas sociales se solucionan a punta de plomo y cómo calificar a Abelardo de la Espriella que amenaza con “destripar” a la gente de izquierda, tal como sucedió en otrora con el exterminio de más 6.000 miembros de la Unión Patriótica.
El fascismo esboza y diseña un discurso basado en una identidad cristiana ultraconservadora (de ahí interés de Abelardo de la Espriella de convertirse de dientes para afuera y a última hora al cristianismo para encajar en él, cuando abiertamente es ateo), desde la cual llaman a iniciar un proceso de “reconquista cristiana”, causa por la que valdría la pena convertirse en mártir y dar la vida. Esta lucha se daría contra un gran enemigo, que sería la izquierda. Anteriormente el enemigo del ultraconservadurismo era el Partido Liberal. Desde el púlpito el obispo de Santa Rosa de Osos, Miguel Ángel Builes, incitaba a matar a los liberales y decía que “matar liberales no era pecado”.
Se trata de un discurso además agresivo, descalificador, insultante, por lo que no extraña que de esa violencia verbal se desprendan llamados a liquidar a militantes de partidos de izquierda y periodistas incómodos.
Por esta razón, quienes se dejan seducir por estos estilos como de los candidatos ya mencionados, resultan impermeables a la verificación de datos, a la contrastación de hechos y a la argumentación crítica. Lamentablemente, en nuestro debate público este tipo de retórica ya está plenamente instalada, incluyendo a buena parte de la actual élite política y económica.
Estamos presenciado una nueva ola de movimientos de extrema derecha, frecuentemente con rasgos claramente fascistas. Estos movimientos estarían caracterizados por sus impulsos autoritarios y agresiones sistemáticas contra los derechos de quienes no encajan en una autoridad tradicional fabricada, basada en la normatividad religiosa, sexual y de género. Estos movimientos atacan la independencia del Poder Judicial, de la prensa, de las instituciones culturales, de la educación pública y de la ciencia. El llamado es a denunciar y resistir el resurgimiento del fascismo en todas sus formas, denunciar los abusos contra los derechos humanos, defender los hechos, fomentar el pensamiento crítico.
¡Hasta pronto!