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Opinión De Mario Benedicto Parra: La decadencia del lenguaje político

Opinión De Mario Benedicto Parra: La decadencia del lenguaje político –Presenciamos una transformación de la política que tal vez sea una crisis del lenguaje político; un derrumbe de la vieja retórica sustituida por las medias verdades de la que muchos políticos son representantes. A la tan comprobada degradación del registro lingüístico en todos los géneros de la comunicación pública, caracterizada por el empobrecimiento verbal, las incorrecciones gramaticales, la tendencia al coloquialismo y la falta general de calidad, se añaden otros vicios más alarmantes que no afectan a la forma del discurso sino a su sustancia.

Se ha sembrado en la conversación pública, signos ambiguos, desgastados a fuerza de emplearlos para decir una cosa y la contraria. A la función expresiva se le han puesto trampas falaces. Las hipérboles sensacionalistas -Colombia se convertirá en otra Venezuela o el dólar llegará a los diez mil pesos- y las generalizaciones pueriles empiezan a ocupar el espacio antes reservado a los hechos y su verificación científica. Del discurso argumentativo y expositivo hemos pasado a una exagerada proliferación de textos narrativos que aborrecen de las ideas para centrarse en las anécdotas. Más allá de un concepto ocurrente, la posverdad se erige en regla para una discusión pública enrarecida donde lo de menos es distinguir entre hechos y opiniones, entre evidencias objetivas y relatos fabricados al gusto de cada uno.

La confrontación personal permite atisbar un declive del debate político decente en favor de unos usos basados en la irracionalidad, el disenso y no pocas veces la grosería, armas eficaces para captar adhesiones emocionales pero corrosivas desde el punto de vista de la convivencia democrática.

El candidato que más ofrece bala en el tema de la seguridad es el que sintoniza más con las necesidades emocionales. Un modelo ya inventado que viene de los antiguos sofistas y que en el siglo XX adquiere singular relevancia con las dictaduras fascistas de entreguerras. Sería equivocado plantar cara un discurso que, al excluir la emoción, se aleja de aquellos a quienes supuestamente va dirigido a la vez que despierta recelos ante lo que a estos se les antoja como una sospechosa construcción intelectual fría, ajena a sus intereses y no pocas veces propia de castas o de elites tecnocráticas.

La pérdida de calidad del lenguaje político proviene fundamentalmente del menosprecio del oyente, al que se le habla haciéndole creer que de ese modo nos ponemos a su nivel, pero la realidad es que se le excluye de la comunicación como si solo fuera un idiota, un número manipulable para obtener ventaja sobre los adversarios.

Estamos frente a una transformación sin precedentes del lenguaje, alterado por la manipulación, la falta de respeto a sus destinatarios. Solo sabiendo escuchar es posible construir una retórica que conecte con las demandas de la población, requisito inexcusable para llegar a convencerlo. A convencerlo, que no a confundirlo con palabras cargadas de emocionalidad explosiva, tan lejos de lo que los viejos oradores entendían por retórica.

¡Hasta pronto!

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