Opinión De Mario Benedicto Parra:La opresión de las mujeres (parte 2) – Las religiones derivan su poder y popularidad en parte del compás ético que ofrecen. Así que, ¿por qué tantas fes ayudan a perpetuar algo que la mayoría de nosotros considera profundamente poco ético: la opresión de las mujeres?
No se trata de que los caudillos en Congo citen los Evangelios para justificar sus violaciones multitudinarias. No se trata de que quemen a las novias en la India como parte de un ritual hindú. Y no hay un verso en el Corán que instruya a los matones afganos a lanzar ácido contra el rostro de las chicas que se atreven a ir a la escuela.
No obstante, estos tipos de abusos -junto con las injusticias más banales, como cachetear a una novia o pagar menos a las mujeres por su trabajo- surgen a partir de un contexto social en el que, con frecuencia, las mujeres son ciudadanas de segunda clase. Es uno que las religiones han ayudado a moldear, y no han presionado fuerte para cambiar.
Considero que se evita que las mujeres tengan un papel pleno y equitativo en muchas religiones, lo que crea un ambiente en el que las violaciones contra ellas se justifican. La creencia de que las mujeres son seres humanos inferiores ante los ojos de Dios, da excusas al marido brutal que golpea a su esposa, al soldado que viola a una mujer, al jefe que acosa sexual o laboralmente a una mujer, al empleador que tiene una escala de salarios más baja para sus empleadas o a padres que deciden abortar un feto femenino.
Considero igualmente, que la religión es una de las causas básicas de la violación de los derechos de las mujeres. No obstante, paradójicamente, las iglesias africanas que más han hecho para darles poder a las mujeres han sido las conservadoras, especialmente pentecostales. En particular, éstos las alientas a asumir cargos directivos, y para muchas es la primera vez que les confían autoridad y encuentran que se respetan sus opiniones. En África rural, las iglesias pentecostales se están convirtiendo en una fuerza significativa para emancipar a las mujeres.
Otro precedente es la esclavitud. Cada una de las religiones abrahámicas aceptó la esclavitud. Mahoma poseyó esclavos, y parece que San Pablo la aprobaba. No obstante, los prisioneros del movimiento abolicionista fueron cuáqueros y evangélicos. En última instancia, gente de fe trabajó ferozmente para desterrar a una institución opresiva que antes habían aprobado las iglesias.
Cabe señalar que no refuto la fe cristiana u otras creencias o doctrinas religiosas, que respeto profundamente la libertad de cultos y el derecho a profesar libremente una religión, pero es claro que Dios no instituyó religión alguna.
Este es un llamado a los líderes religiosos a cambiar toda práctica discriminatoria dentro de sus propias religiones y tradiciones. Hoy, cuando las instituciones religiosas excluyen a las mujeres de sus jerarquías y rituales, la implicación inevitable es que son inferiores. Los grupos religiosos deberían defender un simple principio ético: los derechos humanos de cualquier persona deben ser sagrados y no depender de algo tan terrenal como sus genitales.
¡Hasta pronto!