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Opinion

Opinión De Mario Benedicto Parra: Navidad espiritual

Opinión De Mario Benedicto Parra: Navidad espiritual – Otra Navidad va formando parte de la historia ya vivida. Numerosos municipios, hoy en día, han convertido la Navidad en eventos artísticos, desfiles y atracciones, solo falta que alguien tenga la ambiciosa idea de crear el reinado municipal o departamental de la Navidad con una variada programación donde reine el bullicio de las sirenas, los pitos, las motos, la pólvora, el alcohol, la espuma, dejándose a un lado espiritualidad y la verdadera esencia de la Navidad.

Mucho más que otras veces, esta Navidad debe ser para la reflexión y para ajustarnos a las enseñanzas de Jesús, especialmente con la paz que predicó y que transmite a través de todo lo que nos rodea y que emana de su sola figura, más allá de la profundidad incomparable de su ejemplo.

Atrás quedarán los regalos, la cena de nochebuena, la alegría y la algarabía de los niños -no de todos tristemente-, la nostalgia por rostros ausentes, la lejanía de seres queridos y todo aquello que involucra, material y espiritualmente a la Navidad.

Excelente la oportunidad de este tiempo, ante la inminencia de la celebración de la Nochebuena, que debe encontrarnos unidos y fortificados en la esperanza; jornada más que propicia para la reflexión, para echar una mirada hacia atrás viendo lo que hemos hecho y dejado de hacer, pero más que nada para hacernos fuertes hacia el mañana, hacia el futuro que nos aguarda tan cercano.

La Nochebuena la tenemos ahí, a pocos días, un festejo del gozo de estar aguardando el nacimiento de Jesús, al que siempre tenemos ahí, dispuesto a ayudarnos o fortificar una fe que muchas veces puede llegar a tener ciertas declinaciones, pero que siempre, indefectiblemente, renace con mayor fuerza, con la necesaria para sostenernos y afianzarnos en el tránsito hacia la esperanza.

“Ama a tu prójimo como a ti mismo”, un sencillo, pero muy profundo mensaje que nos ha dejado el Señor, que con una conmovedora simpleza nos ofrece la siempre cercana posibilidad de hacer realidad un principio básico en cada uno de nuestros actos, aunque sean los más sencillos, aquellos que hacen a la vida diaria, parte de un todo que debe servir para mejorarnos un poco cada día. Con algo tan simple, habremos dado un enorme paso hacia adelante, hacia esa comprensión solidaria que hoy parece haber sido aplastada por la realidad, que conmociona, pero que debe ser superada.

Que el 2026 nos haga más compresivos y nos permita experimentar una nueva forma de entender la política. Más humana, más transparente y apartada de cualquier motivación personal o partidista. En materia deportiva, sin duda alguna, quisiéramos que Colombia sea  campeón del fútbol mundial. El premio de llegar a un mundial es para quienes no sólo juegan bien, sino que hacen las cosas correctamente.


Es por todo esto, y más en las especiales circunstancias de confrontación que estamos viviendo los colombianos, que esta es una Navidad sirva como punto de partida del reencuentro de esa unidad que ha venido siendo vapuleada en los últimos tiempos. Aprovechemos esta ocasión para meditar, para pensar en el futuro que devendrá de este presente, al que debemos ayudar entre todos para hacerlo más llevadero.

¡Feliz Navidad para todos!

¡Hasta pronto!

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