Opinión De Mario Benedicto Parra: La política convertida en un cuadrilátero – A menos de tres semanas de las elecciones legislativas la política colombiana se muestra esquiva sobre los problemas reales de su población. Lo que importa es ganar la contienda y buscar un buen título para “viralizar” la noche de la victoria. La contienda electoral se ha transformado en un cuadrilátero donde la golpiza simbólica vale más que la propuesta. Ya no se debaten ideas: se persigue, se insulta y se fabrica la verdad conveniente.
La política contemporánea parece haberse enamorado del verbo esquivar. Mediante el insulto y la mentira se busca dejar al adversario fuera de combate público antes que confrontarlo en una lucha de ideas.
Ese estilo o práctica de insultar al adversario, convierte a la campaña en un terreno de depredadores, no interesan los proyectos ni las discusiones públicas: interesa el golpe preciso que viralice, que reduzca al otro a un escándalo. La agresión es eficiente; la argumentación, cara y lenta.
Cuando la prioridad es dejar sin aire al contrincante, el debate desaparece. Los grandes temas —seguridad, educación, salud, trabajo, pensiones— son rehenes de mensajes prefabricados y operaciones de prensa. Las preguntas que deberían mover la agenda no nacen de la inquietud ciudadana, sino del cálculo estratégico. Lo que importa no es convencer, sino hacer ruido; no es construir, sino destruir la reputación del otro. Así, el “noquear” se volvió método, y el caos, estrategia.
Hay campañas cargadas de discursos de odio contra los otros y acciones agresivas con tal de estar por encima. Es importante que desde el Congreso se tramite un proyecto de ley que regule la actividad política enfocado en el respecto y el compromiso de los actores políticos con un debate de calidad en el que primen el respeto por la libertad de expresión y los derechos de los demás a ser elegidos y a elegir sin ningún tipo de presiones. Hay que promover un lenguaje respetuoso y no estigmatizante y garantizar la difusión de información veraz y verificable, sobre todo en entornos digitales en los que fácilmente se ataca a los demás sin que casi nunca nadie responda.
Ciudadanos y ciudadanas se cansan de la riña, el escándalo, la trifulca, permanente y pierden el deseo de participar. La política, que debería ser terreno de transformación, queda reducida a feria de golpes bajos. Todos son y serán lo mismo en ese lodo que alguna vez se planteó en el siglo Cambalache.
¡Hasta pronto!