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Opinión De Mario Benedicto Parra: La verdad y la política

Opinión De Mario Benedicto Parra: La verdad y la política –“Nadie ha dudado jamás que la verdad y la política nunca se llevaron bien, y nadie, por lo que yo sé, nunca puso la veracidad entre las virtudes políticas”: Hannah Arendt.

La posverdad es la palabra que ha multiplicado su uso, particularmente en los análisis que se han hecho durante las elecciones presidenciales en Colombia durante los últimos períodos. Cuando el diccionario dice que su significado “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.

En la campaña presidencial pasada, prácticamente las mentiras, fue la regla.  La ultraderecha dijo que Colombia se volvería Venezuela y que gobernaría el castrochavismo, como podemos ver, ni lo uno ni lo otro sucedió, después de esos infundios, hoy se admite que no eran ciertos. Y otra, fue la que decía que se reduciría la mesada a los pensionados para financiar a los grupos guerrilleros. Insisten tanto en esto que sigue calando en cierta parte del electorado como posverdad y los ciudadanos, es posible, que salgan a votar más con la emoción que con la razón y el análisis de los argumentos políticos.

Estas llamadas posverdades no pueden seguir siendo las dominantes en la actual campaña presidencial. Esta política de las posverdades más que un invento de las élites amenazadas, en ella se deja ver que la verdad no es modificada, ni controvertida, pero sí queda reducida a una importancia secundaria.

El propósito de la mentira en la política ha sido crear una falsa visión del mundo, en cambio, las mentiras de ahora no funcionan así, pues no pretenden convencer a la clase dirigente en la que los votantes no confían y desprecian, sino que conducen a reforzar los prejuicios.

La verdad se ha devaluado tanto que ha pasado de ser el ideal del debate a una moneda sin valor. Lo importante no es lo que pasa, sino lo que la gente está dispuesta a creer que pasa. Los medios de comunicación tradicionales han contribuido grande a la posverdad en detrimento de una prensa seria.

La pregunta es: ¿qué importa si los políticos dejan de decir la verdad por completo? La respuesta es: mucho, porque esa peste de la mentira y medias verdades se disemina por todos los niveles y enferma la sociedad. A la ciudadanía le toca enfrentar esta ola de la posverdad con pensamiento crítico, discernimiento, sin dejarse llevar por el fanatismo y trabajando por una democracia real y transparente. La verdad se impone, por eso la odian los tiranos porque no la pueden dominar.

Me despido con esta importante frase igualmente de la filósofa e historiadora estadounidense Hannah Arendt: “Podemos gritarle la verdad al poder y nunca será escuchada, porque la verdad y la política ya no tienen nada en común.

¡Hasta pronto!

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