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Opinión De Mario Benedicto Parra: Los noto asustados

Opinión De Mario Benedicto Parra: Los noto asustados – Lo que le sucede a la derecha colombiana es que cree que el poder le corresponde de forma natural. Cuando no lo tiene, se ve en la obligación de demostrar que algo artificial ha sucedido, algo anormal, algo perverso. Como que el poder es suyo, cuando no lo tiene, es que se lo han robado.

En nuestro país la derecha explica, una y otra vez, que, si no se hubiera producido el triunfo del progresismo, la izquierda seguiría en la oposición. A su juicio, es su lugar natural.

Esos millones de votos que llevaron al progresismo al poder, no fue fruto del azar, sino de la reflexión de los electores. Así deben entender la democracia. Esos votos no son accidentales sino esenciales. No son fruto del miedo o del engaño, sino de la clarividencia y de la responsabilidad. Sus votos son de otra naturaleza, como las del senador con escasos estudios de primaria elemental que entró al Congreso a caballo, Josué Alirio Barrera, investigado ahora por el delito de acto sexual violento cuando fungió como gobernador de Casanare.

El escritor hondureño Augusto Monterroso escribió un libro titulado “Cuentos, fábulas y lo demás es silencio”. En él incluye la fábula “El sabio que tomó el poder”. Permítame el lector que se la recuerde, porque tiene mucho que ver con lo que estoy diciendo. El poder es, por naturaleza, del León y cuando lo tiene el Mono, sucede lo que sucede. La fábula dice así:

Un día, hace muchos años, el Mono advirtió que entre todos los animales era él quien contaba con la descendencia más inteligente, o sea el hombre. 

Animado por esta revelación empezó a estudiar un gran lote de libros arrumbados desde antiguo en su casa y, a medida que aprendía, a conducirse como ser importante frente a las situaciones más comunes. 

Fue tal su empeño que en poco tiempo hizo enormes progresos, aconsejado por la Zorra en política y en saber por el Búho y la Serpiente. 

De esta manera, ante el asombro de los inocentes, pronto inició su ascenso a la cumbre, hasta que llegó el día en que amigos y enemigos lo saludaron secretario del León. 

Sin embargo, durante un insomnio (en los que había caído desde que sabía que sabía tanto), el Mono hizo aún otro descubrimiento sensacional: la injusticia de que el León, que contaba únicamente con su fuerza y el miedo de los demás, fuera su jefe; y él, que, si quisiera, según leyó no recordaba dónde, con un poco de tesón podía escribir otra vez los sonetos de Shakespeare, un mero subalterno. 

A la mañana siguiente, armado de valor y aclarando una y otra vez la garganta, durante más de una hora expuso al León con largas y elaboradas razones la teoría de que de acuerdo con la lógica más elemental los papeles debían cambiarse, pues para cualquiera con dos dedos de frente era fácil ver cómo lo aventajaba en descendencia y, por supuesto, en sabiduría. 

El León, que intrigado por el vuelo de una Mosca en ningún momento había bajado la vista del techo, estuvo conforme con todo, en ese mismo instante le cambió la corona por la pluma y, asomándose al balcón, anunció el cambio a la ciudad y al mundo. 

De ahí en adelante, cuando el Mono le ordenaba algo, el León, siempre de acuerdo, asentía invariablemente con un zarpazo; y cuando el Mono lo regañaba por alguna orden mal entendida o por un discurso mal redactado, con dos o tres; hasta que, pasado poco tiempo, en el cuerpo del nuevo rey, o sea el Mono sabio, no iba quedando sitio del que no manara sangre, o cosas peores. Por último, el Mono, casi de rodillas, rogó al León volver al anterior estado de cosas, a lo que el León, aburrido como desde hacía mil años, le respondió con un bostezo que sí, y con otro que estaba bien, que volvieran al anterior estado de cosas, y le recibió la corona y le devolvió la pluma, y desde entonces el Mono conserva la pluma y el León la corona.

Acusan al gobierno de que todo lo que hace es para mantenerse en el poder. Si sube el salario mínimo vital, si busca reformar el sistema de salud, si propone la paz, si propone reformar el sistema pensional, si propone la reforma agraria, es que está obsesionado con el poder. Y eso es muy malo, claro está. Pero si lo propone la derecha, eso es bueno, para eso se accede al poder, ya que con el poder recuperaría así a su legítimo dueño.

Piensa la derecha que sólo ella puede gobernar con seriedad, sin corrupción y sentido patriótico. Porque eso sí, a los de la extrema derecha no les gana nadie, debe ser porque poseen más patria.

Los noto asustados. Y eso explica el ya tedioso alud de descalificaciones sobre el progresismo y el candidato Iván Cepeda.

Ahora pregonan qué van hacer con Colombia -y ya sabemos, que desean destruirla como lo han hecho en 200 años-, con planteamientos poco racionales, no propios de quien está sereno y razonablemente tranquilo.

¡Hasta pronto!

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