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Opinión De Mario Benedicto Parra:  ¿Por qué habría de ser obligatoria la enseñanza religiosa?

Opinión De Mario Benedicto Parra:  ¿Por qué habría de ser obligatoria la enseñanza religiosa? – La declaración arrojada días pasados por ciertos funcionarios del gobierno, cuya intención es la propuesta de la instauración de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas y en los colegios privados del país y el tratamiento del tema con el “pueblo” y “no con el Estado”, detonó fuertemente en la comunidad educativa, confiada en que ese debate del siglo XIX había quedado definitivamente saldado.

Muchos preguntaron a qué obedecía tal intención, cuando hoy la educación cuenta con un sinnúmero de ofertas de escuelas religiosas de todas las confesiones, desde las más inaccesibles hasta las más humildes, que atienden perfectamente las exigencias de los diferentes credos.

Las sospechas hicieron pensar en un ansia de protagonismo de la ministra Viviane Morales -que permaneció por pocos días en el cargo- o de suprema “revancha” de los religiosos, heridos por la decisión de gobiernos anteriores de no concebir obligatoria la enseñanza religiosa en las escuelas públicas, que apoyó la Constitución Política de 1991.  

Colombia tiene innumerables ofertas educativas, pero todas bajo el mismo paraguas protector: La Constitución Política, que apunta a una enseñanza “común, gratuita, obligatoria y laica”.

Cabe aclarar que “laica” no significa “antirreligiosa” o “atea”, sino que apunta a que las diferentes manifestaciones humanas tengan “libertad e igualdad” de oportunidades y esto también incluye a la llamada “dimensión religiosa”, que también tiene su espacio en el aprendizaje de Ciencias Sociales, en su apartado sobre valores y preceptos humanos.

Esta discusión también se creyó terminada en el año 1991, pero fueron los maestros quienes tuvieron que enfrentar los duros comentarios y declaraciones de algunos curas y pastores evangélicos, que los tildaban de agnósticos o ateos.

Recordada fue la prolongada discusión sobre la teoría de Darwin, donde la Iglesia pedía fuera retirada de los manuales escolares, porque entendía que la evolución de las especies y su lucha por la supervivencia renegaba de la historia de la creación divina del hombre. Tras varias confrontaciones y opiniones de especialistas de uno y otro lado, el debate quedó saldado cuando se advirtió por la propia Academia Pontificia de Ciencias del Vaticano, daba su flamante reconocimiento a la existencia del “darwinismo”.

Lo cierto es que este debate, que tal vez responda a una sociedad conservadora como la colombiana, no obedece a un reclamo social. Cabría pensar si la enseñanza de la religión -de todos los cultos- ingresara como una materia curricular a las escuelas y entonces se formaran los grupos de niños y adolescentes que tendrían que dividirse por credos y asistir a un curso o a otro, y romper esa unidad que se mantiene en el aula. De la misma manera algunos podrían reclamar que los niños y adolescentes fueran separados por tradiciones culturales, ideologías familiares, etnias, que no resultarían más que factores de discriminación.

¿Cómo se impartiría la materia de Historia Sagrada en la actualidad a un cristiano y a un judío? El primero, cree en Jesucristo, el segundo, no. 

¡Hasta pronto!

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