EL SAN JUAN

0
1155

san juan

Las fiestas de San Juan que celebramos los huilenses y tolimenses en junio, fueron transculturadas de España en los siglos del coloniaje, según descripción hecha por Fray Juan de Santa Gertrudis.

Estas fiestas tienen orígenes remotos y míticos en Europa y están relacionadas con las Fiestas del solsticio vernal. Tengamos en cuenta que desde la más remota antigüedad, los pueblos han celebrado las fiestas del solsticio, tanto vernal en el Hemisferio Norte, el cual sucede el 21 de junio, como el solsticio hiemal o de invierno, el cual ocurre el 22 de diciembre. Se llaman solsticios estos dos días del año cuando los rayos solares llegan verticalmente más lejos de la línea del Ecuador. Este fenómeno astronómico tiene relación con el movimiento de traslación de la tierra alrededor del sol y en la misma forma, con el movimiento aparente del sol entre los dos trópicos debido a la inclinación del eje terrestre.

Los romanos celebraron las dos festividades solares en su calendario religioso: Las fiestas de fors fortuna y la  fiesta del sol invictus. El 24 de junio los romanos celebraban las fiestas de fors fortuna o del solsticio de verano, precisamente en los días de iniciación de la cosecha y de los ritos a la diosa Céres o tierra madre, que según las creencias, siempre iba alumbrada por teas  en busca de su hija Perséfone, la diosa de los granos, que había sido raptada y llevada bajo la tierra por Plutón. En las vísperas, el 23 de junio, los romanos acostumbraban las lampas o teas encendidas en los campos, que son el origen de las candeladas, luminarias o fogatas.

Eran fiestas de regocijo y de carnavales multitudinarios que se realizaban anualmente con gran alegría. Como oposición a las fiestas del solsticio de verano o Fors Fortuna, que celebraban los romanos y los celtiberos en su fecha clásica del 24 de junio, la Iglesia cristiana conmemoró con gran alborozo las fiestas de San Juan Bautista “El Precursor”, quien bautizó a Jesucristo en el río Jordán. En el calendario cristiano se celebra el nacimiento de San Juan el 24 de junio.

Según expresa Julio Caro Baroja, “San Juan Bautista, ha sido el santo que ha recibido un culto más intenso en todos los países cristianos de Europa y ha heredado una serie de prácticas, ritos y costumbres que eran propios de una o varias festividades precristianas, muy extendidas en todos los países de habla indogermánica y aún en otros que  no lo eran”.[2]

Como ya lo vemos esta fiesta con profundas raíces míticas solares, es herencia romana y celtíbera, convertida en una fiesta religiosa, en honor del precursor de la buena nueva, el mensajero del Eterno.

Desde muy antiguo estas fiestas de San Juan Bautista se celebraban de noche y tenían como símbolos: el fuego y el agua. El primero representa el sol abrasador, que cae sobre los campos; y el segundo, el  agua que refresca y prepara el nuevo brote.

En España las fiestas de San Juan tienen sus variantes de acuerdo con las diversas regiones.

La fiesta de San Juan entre nosotros los huilenses y tolimenses del sur, se celebra especialmente durante los días 23 de junio (vísperas) y el 24 de junio (día principal). Durante este mes de junio, cuando “los grullos” (aves migratorias) hacen su aparición en los campos del Gran Tolima es  cuando gritamos con gran entusiasmo “San Juan, San Juan, San Juan” y se empiezan a desempolvar los tiples, las guitarras y los tambores para iniciar las danzas y llevar la alegría por doquier.

En las vísperas del San Juan, los tambores anuncian la fiesta en los campos, pues tengamos en cuenta que es una fiesta popular de auténtico sabor campesino y en la cual es de tradición, que los pueblanos o habitantes de los pueblos opitas, emigren a las veredas a pasar su San Juan.

Los del Tolima Grande se reúnen  en las casas campesinas a celebrar sus fiestas Sanjuaneras y a deleitar su gusto con el famoso asado huilense o lechona tolimense, los sabrosos tamales e insulsos, el exquisito bizcochuelo y la, sin igual, mistela. Tiples, guitarras, tambores, bailes, rajaleñas, música, pólvora y alegría son los elementos básicos de las fiestas.

Javier Ocampo López, comenta: “Hasta hace algunos años, los opitas ribereños del Magdalena o de sus afluentes, iniciaban el 24 de junio las festividades, con el baño ritual en la madrugada. El agua es el símbolo del comienzo de la verdadera fiesta; se rememora así el bautizo de Jesucristo, que como ya se dijo, fue hecho por San Juan Bautista en el río Jordán. Las gentes van a las orillas de los ríos y quebradas, en las horas de la madrugada, porque creen  que “San Juan” pasa bendiciendo el agua. Esta costumbre la encontramos también entre los indígenas de Tierradentro y en especial en Calderas, cuando con el ruido de la pólvora en las primeras horas del alba, se levantan gritando ¡San Juan!; es una de las pocas oportunidades en que el indígena se baña en el año”. [3]

Una vez que los opitas terminan el baño mañanero de San Juan, los muchachos preparan su embarque para iniciar las fiestas. El San Juan es representado por un joven apuesto, fornido, alegre, bebedor, locuaz y cantador de rajaleñas con malicia y donaire. En una balsa hecha de vástago de plátano o guadua, el San Juan se embarca vestido con caprichoso disfraz; lleva tiple y una buena provisión de aguardiente. Las personas lo esperan más abajo del río, pues siempre se embarca solo. Lo arriman a la orilla entre rajaleñas y coplas, iniciándose verdaderamente la algarabía y el baile sanjuanero con bambucos, sanjuaneros, bundes, guabinas, pasillos, cañas, rumbas, etc.

En nuestro tiempo, el Festival y los Reinados del Bambuco que se celebran en Neiva, han reemplazado en gran parte las fiestas campesinas del San Juan; sin embargo, todavía en muchos pueblos las celebran, al estilo de Natagaima, en el Tolima  y de El Hobo, en el Huila.

Jairo Arias Barragán comenta: “ Aunque no es exclusiva de Natagaima y El Hobo, ya que en otras poblaciones se conmemora, se ha conservado en esos municipios, ciertos rasgos tradicionales que la convierten en una de las manifestaciones folclóricas más auténticas de la región.

En el San Juan convergen una serie de elementos: Primero, aunque es una fiesta de esencia y origen religioso, sintetiza expresiones de carácter profano; segundo, es una celebración con profundo arraigo popular, pues todos los que allí concurren se identifican con la fiesta; tercero, es pródiga en símbolos estrechamente unidos a la vida misma del campesino; cuarto, es ruidosa y alegre”. [4]

El San Juan, según Salas Ortiz “interrelaciona rasgos tradicionales, venidos desde los orígenes de la fiesta. Su celebración el 24 de junio que es el día de San Juan, perdura con el paso de los años. Conserva así el sentido religioso; permite también que allí se reúnan la síntesis del sentimiento festivo del hombre campesino: la música a través de canciones populares, vibra en las cuerdas de los tiples fiesteros acompañados siempre del tambor resumiendo en bambucos, sanjuaneros, rajaleñas, guabinas, torbellinos, bundes, pasillos y cañas la esencia de la fiesta; el lenguaje musical proyecta su sencillez y pureza porque es extraído del alma popular. Los sones que se escuchan están relacionados con la fiesta. La danza y la poesía germinan en una tierra rica en historia y en experiencias cotidianas. De ahí surge la copla o rajaleña que es una clara manifestación de alegría, jocosidad e ingenio. Con la música vino también la mistela, el masato, la chicha y el aguardiente, el tamal, el asado y la lechona, la rellena y el sancocho de gallina, el bizcochuelo, el bizcocho de manteca, el insulso, la patata, el envuelto de maíz, la  carne a la llanera y el viudo de pescado”. [5]

Se arraiga igualmente en la fiesta el hombre sobre su cabalgadura, estrechamente unido al toreo, una costumbre surgida desde la Colonia en el seno de las haciendas. Los vaqueros que traen el toro para encerrarlo en la barrera donde el campesino en una especie de ritual con la ruana, el rabo de gallo, o el sombrero se mete a “sacarle un lance al toro” como lo ha dicho magistralmente en una de sus canciones Cantalicio Rojas. Y el hombre en su caballo que participa de la despescuezada de gallos, otro código valioso de la fiesta.

Se agrega a esta serie de manifestaciones, la llegada de San Juan por el río o quebrada y su regreso al pueblo en medio de la cabalgata, las carrozas típicas, los matachines y la música; la alborada que no es otra cosa que madrugar a continuar la fiesta con pólvora, baile y alegría general.

Adentrarse en el corazón del San Juan en estos pueblos es aprender a compartir y realmente sentir las vibraciones de una fiesta tradicional en el Tolima Grande, en medio del cálido murmullo de la llanura.

Otro elemento es la música, continúa diciéndonos Jairo Arias B., “Vital, porque llena de significación la fiesta. Ahí también se sintetiza el pensamiento y las costumbres del hombre campesino. Con ella, se describen magistralmente la fuerza espiritual del San Juan. Es sobre todo alegre y en cada una de sus notas hay belleza, ritmo, remembranza y cierto embeleso porque quien la escucha y la vive, se deja llevar como por un torrente embrujador. ¿Cómo no sentir la música, si Cantalicio Rojas, hijo de Colombia (Huila) y uno de los más grandes compositores del gran Tolima, dedicó parte de su producción precisamente a la fiesta? En la música de Cantalicio hay un lenguaje sencillo, amoroso, festivo, evocador, pleno de identidad. Además él se forjó en la entraña de esa tierra y por eso pudo plasmar en canciones la fuerza y la vitalidad implícita en las diferentes manifestaciones del pueblo”.[6]

Esta reflexión se extiende además a los factores que anteceden a la fiesta de San Juan. En cada hogar, de alguna manera, la familia se une alrededor de la preparación de las viandas; el arreglo del vestido o el anhelo de estrenar uno nuevo; la venta en el mercado de los frutos del campo; la consecución de los aperos que lucirá el caballo. Es decir, el conjunto de elementos indispensables en la celebración especial del año.  Y finalmente el amor que se funde en alegría, goce, diversión; cabe aquí hablar de cierto delirio popular evidente por ejemplo en la alborada, cuando desde la cinco de la mañana la gente se levanta con el ruido de la pólvora y la música de la banda a integrarse a otro episodio de la fiesta.

Se podría concluir que el San Juan, considerada una festividad tradicional, más parece un sentimiento unido estrechamente al hombre, anclado desde hace muchos años en una tierra donde se forjó parte de lo que es el Tolima Grande; el símbolo de una raza valerosa; la manifestación clara de una serie de rasgos que identifican el sentir y el palpitar de un pueblo.

 Escrito por: CAMILO FRANCISCO SALAS

**************************************************************************************

P.D.:  Honorable Académico (a):

Se olvidó en el artículo anterior sobre EL SANJUANERO citar que fue tomado de la Revista Huila No. 42, Volumen IX, páginas 80 y 81, correspondiente  a junio – octubre de 1990, de mi autoría.

 

[1] DE SANTA GERTRUDIS, Fray Juan. “Maravillas de la Naturaleza¨. Bogotá. Shering. 1966. Op. Cit. Pp. 155-156.

[2] CARO BAROJA, Julio. La estación de amor (Fiestas populares de mayo a San Juan). Madrid. Taurus Ediciones. 1983. Pp. 119.

[3] OCAMPO LÓPEZ, Javier. “Las Fiestas y el Folclor en Colombia”. Bogotá. El Áncora Editores. 1984. Pp.72.

[4] ARIAS B. Jairo; “Tierra de la Tumba Sagrada” Ibagué. Litografía Atlas. 1990. Pp.40.

[5] SALAS ORTIZ; Camilo Francisco; Campoalegre: Una Mirada Histórica. Editorial Kimpress. Santafé de Bogotá. 1995. Pp. 35-36.

[6] ARIAS B., Jairo; Op. Cit. Pp. 44.