MANDELA, UN ALIADO DE LA PAZ

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La muerte de hombres tan sublimes como Mandela nos disminuye y el peso de la orfandad se hace más evidente en países como el nuestro en donde las desigualdades sociales son tan marcadas. Nuestra impronta es la saga de un pueblo que reclama con urgencia una negociación pronta para la paz. Es posible encontrar líderes de tamaña estatura, que a la luz de un noble ideal, pusieron su vida de servicio para hacer entender a la humanidad que las ideologías, las religiones, el color de la piel no hace ninguna diferencia; que es posible pensar que todos podemos caber en el mundo y que es posible hacer el aire más respirable para todos.

Todo esto y mucho más fue Mandela. Un verdadero mito que se instauró en las conciencias colectivas mucho antes de morir. Un ser que se quedó impávido a esperar que la muerte descorriera las cortinas de su piel sin sentir el menor atisbo de escozor. No le tuvo miedo y la aceptó porque sabía que los hombres no han de sufrir el caos terrible de desaparecer cuando entienden que han cumplido su misión en la vida. Nos cuesta trabajo entender esta filosofía porque en nuestra edad primigenia fuimos condenados a escuchar lo escalofriante del mito del paraíso perdido y por ende le tememos a la muerte y no la queremos aceptar jamás. Las pequeñas comunidades de monjes tibetanos tienen una forma particular de celebrar la vida y para entender este proceso natural que conlleva la muerte, en las noches, cuando se van a sus aposentos, colocan debajo de la cama un tazón bocabajo porque al día siguiente no tienen certeza de que puedan utilizarla para recibir sus alimentos. Así mismo, las comunidades de pueblos aborígenes construyen sus malocas con base circular porque entienden que la vida es un proceso natural que empieza con el nacimiento y termina con la muerte. En sus cosmogonías se manifiesta el hecho de reconocer que unos tienen que morir para garantizar la vida de otros y estos a su vez completarán el círculo. Así se estableció en la estatuaria de San Agustín en donde un huaco sostiene con sus garras a una serpiente. Este quizás sea la manera más concisa de simbolizar el proceso de la vida.

Estas lecciones más esclarecedoras sobre la muerte que promulgaron hombres concretos nos motivan una manera diferente de pensar y entender que es importante cumplir con la misión encomendada. Así mismo, reflexionar que la verdadera muerte empieza con el olvido o cuando se deja de enamorar.

Escrito por: Esp. Mauricio Salgado