Opinión De Ana María Parra Hincapié: El castigo como método para educar – Existe aún hoy la creencia de que para educar a los niños se debe aplicar el castigo y cuando hablo de castigo, me refiero tanto al físico o corporal como al verbal ya que ambos dejan huellas psicológicas en las personas.
“La letra con sangre entra”, “hay que enseñar a punta de chancleta”, “sepan quién manda”, “en esta casa mando yo”, “dele más duro para que aprenda”, “si no se toma la sopa, llamo al coco” son expresiones que a menudo escuchamos de algunos padres para corregir a sus hijos.
Castigos físicos, amenazas, miedos y gritos se convierten en la primera alternativa para educar o enseñar. Si un niño se porta mal, parece que el único método es el castigo para que modifique su conducta. Pero lo que muchos desconocen es que reprenderlos así afecta negativamente la autoestima porque un niño que es castigado continuamente puede desarrollar sentimientos de no valer y de no hacer las cosas bien. Lo único que probablemente alcanzará es ansiedad y miedos que pueden interferir en el proceso de aprendizaje, disminuye la confianza del niño hacia las personas y crea una barrera en la comunicación entre padres e hijos ya que la relación entre ambos se basa en el miedo y no en el respeto.
Me parece importante traer a colación algunas reflexiones de la psicóloga española Marga Gutiérrez del Arroyo González en un interesante artículo que escribió sobre el castigo por su claridad y precisión: Los constantes y severos castigos físicos y verbales pueden acabar distanciado a los hijos de sus padres, pueden generar rabia y necesidad de venganza a veces inconsciente. Muchos pierden la espontaneidad y la creatividad que surge en la niñez y se convierten en niños inseguros, temerosos y dependientes de la persona que los castiga, pues evitan tomar decisiones que puedan ser erróneas y puedan originar un nuevo castigo.
Por otra parte, se asegura que la tradición del castigo físico y verbal tiene que ver con lo cultural y con las pocas pautas de crianza adecuadas, ya que los padres tienden a repetir las conductas con las que a ellos los educaron. También hay estudios que indican de las secuelas neurológicas que quedan en los adultos después de los maltratos en la infancia como enfermedades de hipertensión, problemas del corazón, además de conductas agresivas y violentas.
Entonces, ¿es posible educar sin castigos? ¿Qué debemos hacer para educar sin castigos? Sí se puede educar sin castigos. La cuestión no se limita únicamente a si se aplican los castigos o no, creo que el asunto va más allá. Debemos tratar de educar a los niños con base en el respeto, con cariño, comunicación y sin imponer como “solución rápida” la violencia física o verbal, ni el chantaje emocional o la humillación.
Hay que empezar por entender por qué los niños hacen las cosas que hacen y ayudarles a entender sus sentimientos, pasar el tiempo necesario con ellos, hablando, dialogando para crear así una relación de confianza. La paciencia es importante para tener en cuenta y no olvidar que los niños aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos.
Ahora, los que optan por el castigo en situaciones desesperadas, no se dejen llevar por el estado de ánimo alterado a la hora de imponer castigo. Hay que enseñar a los niños responsabilidades y que los actos tienen consecuencias, de modo que el castigo sea racional, moderado y sin violencia.