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Opinión De Mario Benedicto Parra: Atados al celular

Opinión De Mario Benedicto Parra: Atados al celular – Pedro se despertó a las seis de la mañana luego de apagar el despertador de su celular. Todavía recostado comenzó a revisar los mensajes, luego sus redes y después se levantó. El baño duró sólo unos minutos. Al pasar al comedor a tomar el desayuno, su esposa le comentó algo, pero no ponía atención porque su mirada estaba perdida en la pantalla de su teléfono. Su esposa salió de casa con los niños al colegio y ni cuenta se dio.

Pedro viaja de Campoalegre a Neiva a su lugar de trabajo, en el trayecto revisa el periódico Centro Noticias Huila, en su teléfono, por su puesto. Recorrió la primera cuadra ante de llegar al trabajo y ahí comenzó a contestar su primer mensaje mientras caminaba.

Hacía días había entrado a un grupo de Whatsapp de los compañeros de universidad y ya eran más de cincuenta mensajes. Estos aparecían casi por segundo, no paraban. Fotos, memes, chistes, bromas, chismes, pensamientos, reflexiones sobre la vida, los beneficios del aguacate, anécdotas, recetas de cocina, etc.

Pedro consultaba las redes todo el día, su dedo pulgar se deslizaba a toda velocidad de abajo para arriba sin parar. Se convirtió todo un experto en denigrar de los políticos de oposición y en defender a los politiqueros del gobierno, saturaba el Facebook de noticias falsas y se fue haciendo adicto a la vida de otros. Conoció todos los escarnios de que son capaces las redes y también de las bajezas de la condición humana que en ellas se manifiestan.

Pedro es contador y antes de su adicción al celular tenía fama de responsable y puntual. Después cada vez era más frecuente que llegara tarde al trabajo: se quedaba en la cafetería cerca a la empresa revisando sus mensajes, consultando los chats y navegando sin rumbo en las redes.

A la hora de la comida, Pedro ya no era el único con esa rutina, sus hijos y su esposa se ignoraban entre sí debido a la atención a sus teléfonos. La conversación se había tornado en algo anormal. El perro y el gato de la casa también estaban entretenidos con su celular, ya los niños no jugaban con ellos, nadie les pone atención.

Pedro había dejado de leer y ver la televisión en familia. Dejó de ir a practicar microfútbol y ya no le interesaban los asuntos de la empresa como antes.

Pedro seguía contestando mensaje tras mensaje, el celular se hizo dueño de su vida, se había convertido en esclavo del celular. Siempre lo llevaba en su mano, antes que nada. Celular en todo tiempo y en todas partes, en el baño mientras hacía sus necesidades, en la cama, el comedor, en una comida con amigos, en las visitas, en reuniones familiares, en el supermercado mientras hacía compras; en todas partes era lo mismo. Como Pedro hay millones de personas, atados al celular. ¡Hasta pronto!

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