Opinión De Mario Benedicto Parra: Democracia ficticia – Toda forma de gobierno pretende un ordenamiento político que mejore la calidad de vida de los ciudadanos. La democracia que, superando los absolutismos de la monarquía, es hoy la más generalizada organización política en el mundo, considera de especial importancia la práctica de la libertad de los ciudadanos y su participación mediante elecciones en la escogencia de los gobernantes que ofrecen puntos de vista del gobierno que pretenden ejercer. Más allá de los principios, el ejercicio del poder en este sistema conlleva la puesta en práctica de normas jurídicas que organizan la sociedad política.
En los países latinoamericanos, que optaron por este sistema, su funcionamiento ha sido defectuoso y los gobiernos legitimados por la elección popular han sido interrumpidos por dictaduras cuyos gobernantes ejercen el poder por el control de la fuerza. En los últimos tiempos han desaparecido este tipo de dictaduras, pero hay otras que, manteniendo la imagen de democracia, los dictadores recurren a una serie de artificios para concentrar el mando en una sola persona, acaparando mañosamente todos los poderes, rompiendo el principio de su autonomía y separación para que haya un control interno.
Colombia es un ejemplo. El ejecutivo controla el poder de la Procuraduría General de la Nación, la Contraloría General, la Fiscalía General de la Nación, el Consejo Nacional Electoral, la Registraduría Nacional del Estado Civil y, con descaro el partido de gobierno, ha pretendido apoderarse del legislativo -última huella de real libertad electoral- desconociendo el triunfo aplastante del Pacto Histórico en las elecciones pasadas. Vergonzosa organización cómplice de este totalitarismo. Los resultados son lamentables, muchos ciudadanos han tenido que salir para poder subsistir en otros países y es uno más inseguros y desiguales del mundo. Todo esto en un país que cuenta con una de las mayores riquezas, tierras aptas para el desarrollo agropecuario y agroindustrial. Es el resultado de los pésimos gobiernos de los últimos años de vida republicana. ¡Hasta pronto!