Opinión De Mario Benedicto Parra: Dios no ordena asesinar – Los palestinos nunca han tenido una vida fácil. En los últimos siglos vivieron oprimidos por el Imperio Otomano, luego fueron sometidos por los británicos y cuando por fin pensaron que podían ser libres, tuvieron la desgracia de que numerosos judíos sionistas empezaron a emigrar a sus territorios.
Nunca imaginaron que, a raíz de esta inesperada invasión, iban a descender a los infiernos y que 70 años después, ni siquiera podrían acariciar la idea de salir de su territorio. No habían hecho nada para merecer un castigo de tales proporciones.
Hay suficientes evidencias que comprueban que la nación israelí hace 70 años reprime al pueblo palestino, con el respaldo de Estados Unidos y en connivencia con Europa. Netanyahu y sus secuaces buscan la destrucción del pueblo palestino, basta ver en los anales de la historia cómo israelíes están sometiendo a la población civil de Gaza y la forma tan degradante e inhumana como tratan a los palestinos que viven en Cisjordania, tras reducir continuamente el territorio en el que les permiten vivir en pésimas condiciones –una cárcel al aire libre-, como la ha llamado la ONU.
Netanyahu y sus aliados están decididos a negar hasta el alimento al pueblo palestino con apoyo de occidente, sobre todo de Estados Unidos, hasta tal extremo que ni siquiera Biden, hizo gran cosa para avanzar hacia la paz. Esta situación está llegando a extremos inconcebibles, hemos visto cómo el pueblo palestino soporta cuantas humillaciones les impongan los colonizadores israelíes, que a principios del siglo XX llegaron a Palestina huyendo de las persecuciones que sufrían en Europa. Llegaron masivamente después de la Segunda Guerra Mundial, tras la tragedia que sufrieron debido a la locura asesina nazi.
Finalmente, los sionistas lograron que se dividiera el territorio por las Naciones Unidas en 1947 y poco después, en mayo de 1948, se declarara formalmente la independencia del estado israelí. Allí comienza la opresión que sufre “continuamente” el pueblo palestino que para vivir con un poco de dignidad tienen que enfrentarse a la todopoderosa maquinaria destructora del ejército israelí.
Europa obró de mala fe, por el daño que causó a los árabes, al conceder a los sionistas una serie de derechos que negó a los palestinos. Los judíos podrían haberse instalado en cualquier otro lugar, en los primeros momentos pensaron en algunas otras regiones del planeta como Argentina.
Pero, cuando se decidió partir su territorio, los palestinos sintieron que se les pedía que sacrificaran su tierra por un delito de genocidio nazi que no cometieron; por una persecución al pueblo judío que ellos no perpetraron, fueron los europeos. Si los países europeos hubieran sido consientes sobre su responsabilidad en lo sucedido era posible que tanto los judíos como los palestinos vieran sus reivindicaciones de una forma más favorable, lo que habría sido beneficioso para ambas partes.
No tiene justificación que los judíos, el pueblo que más ha luchado a lo largo de la historia para liberarse de cualquier persecución, ahora oprima a otro pueblo para imponer su sueño mesiánico de la tierra prometida a toda costa. El mandamiento “no matar” aplica a todos, Dios no ordena asesinar.
Si bien es cierto, Israel tiene derecho a defenderse, ésta no es la manera. Personalmente no apoyo ni al uno ni al otro, no justifico sus actuaciones y menos cuando se utilizan argumentos religiosos. No hay duda de que tiene derecho a defenderse, pero dentro de unos límites que no suelen respetar.
El problema es otro, consiste en que cese la violencia y se acabe esta confrontación de una vez para siempre. Para ello es necesario reconocer los derechos de los palestinos y que tengan un Estado propio, donde puedan vivir libres e independientes. En caso contrario, este conflicto seguirá por sécula seculórum.
¡Hasta pronto!