Opinión De Mario Benedicto Parra: Doctoritis, mezcla de megalomanía con ignorancia – Los colombianos tienen un gustico pendejo de decirle a todo mundo “doctor”, esto porque les encanta adular y que los adulen, idolatrar y que los idolatren. Esos que sacan pecho cuando les dicen “doctor”, como si ser doctor es garantía de capacidad, probidad, honestidad y de ser mejores personas.
Esa costumbre enfermiza de decirle doctor y doctora a quien no lo es, avala un trato desigual que incluso se enseña a promover desde las familias con complejos de grandeza y costumbre de gran megalomanía (creerse superiores a los demás), sin importar si es una persona honrada o bandida, da igual, pues en Colombia, mientras no se demuestre lo contrario, todo el mundo es doctor, como dice una frase que escuché por estos días.
De igual modo, no se puede dejar de lado la enorme desigualdad social que existe en este país con el influyente nexo de los medios de comunicación que endiosan a los políticos mediante la doctoritis frenética con la disculpa del derecho de libertad de expresión.
La palabra doctor fue atribuida alrededor del año 538 antes de Cristo a los abogados. La abogacía traía por costumbres orales como único doctor a los eruditos que hacían el estudio sistemático de la ley, por eso a los escribas se les llamaba “Doctores de la Ley” (Mateo: 22:35; Lucas 5:17, 7:30, 10:25, 11:45 y 14:3). Después en el siglo XVI y hasta el siglo XIX era el médico, así estuviera mezclado su ejercicio con la brujería y el chamanismo.
En Colombia hasta 1980, los abogados y los filósofos eran los únicos que recibían el título de doctor una vez se graduaban: “Doctor en Derecho” o “Doctor en Derecho y Ciencias Políticas”, “Doctor en Filosofía”. Considero que una de las razones de la inmensa cantidad de facultades de derecho que proliferaron a lo largo y ancho del país era que mientras las universidades tuvieran la carrera de derecho, ganaban status académico, social, político y económico. Se llegó a decir que universidad sin facultad derecho, no era una verdadera universidad.
Hacia 1970 las universidades en Colombia empezaron a ofrecer programas de posgrados: especializaciones y maestrías; los doctorados eran escasos o no existían. Para aquella época se determinó que “doctor” es quien se ha doctorado (PhD) en universidades autorizadas a conferir el máximo grado académico, por lo que a los profesionales de todas las áreas del conocimiento: abogados, médicos, ingenieros, administradores, contadores, psicólogos, agrónomos, veterinarios, etc., se les debe decir a secas abogado, médico, ingeniero, administrador, contador, psicólogo, agrónomo, veterinario, pero en este país del Sagrado Corazón se vanagloria a todos los profesionales, tecnólogos, técnicos y hasta bachilleres con el rótulo de “doctor”.
Un ejemplo vivido es el del famoso capo Pablo Escobar Gaviria a quien en la Cámara de Representantes le decían “Doctor” y otro más reciente, es el atribuido al senador Ernesto Macías a quien incluso algunos periodistas le dicen “doctor Macías”.
¿Se imaginan si hoy existieran Platón o Einstein y les dijeran “Doctor Platón”, ¿“Doctor Einstein” ?, yo creo que refutarían ese trato ilegal y desigual y perpetuaría a quien se lo dijera como un ignorante intuido de estupidez.
Personalmente siento incomodidad cuando me llaman doctor, cuando mi verdadera titulación y profesión es la de abogado en ciencias políticas y ocultas.
El mejor doctorado es la lectura, el que se alimenta de conocimiento. ¡Hasta pronto!