Opinión De Mario Benedicto Parra: El tonto del pueblo – Cuenta una vieja leyenda que, en un lejano pueblo, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños recados y recibiendo limosnas.
Diariamente, algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 10 céntimos y otra de menor tamaño, pero de 20 céntimos. Él siempre tomaba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas y burlas de todos. No paraban de decir que era tonto sin remedio, que había nacido tonto y moriría tonto.
Un día, un viajero que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió:
– Lo sé señor, pero el día que escoja la otra, el juego se acaba y no podré ganar más monedas.
El viajero regresó a su casa pensando en el tonto y en que la persona verdaderamente inteligente es aquella que aparenta ser tonta ante una persona tonta que aparenta ser inteligente.
Este es un relato corto que permite hacer muchas reflexiones, entre ellas, que por más imbécil, ignorante, idiota que parezca alguien jamás hay que subestimarlo, ya que nosotros podemos estar cayendo en los mismo.
Hoy por hoy vivimos en una sociedad superficial en la que se acostumbra juzgar a las personas por su apariencia, sin esperar siquiera a conocerlas. Lamentablemente, los valores de las personas pasan a un segundo plano. Por eso, la apreciación externa que hacemos sobre una persona, no siempre es la adecuada porque a veces las apariencias engañan.
Hay quienes consideran tonto al honesto, a quien cumple las leyes, al que estudia con dedicación, a quien ayuda, a quien se esfuerza. Se suele pensar que el inteligente es el avivato, el que es capaz de hacer dinero fácilmente, el que hace trampa. Cuando pensamos así, nos ubicamos en una gran equivocación.
Este cuento también nos enseña que no importa lo que los demás piensen de uno. Lo verdaderamente importante es lo que uno piensa de sí mismo.
Me despido con este pensamiento de Woody Allen: “La ventaja de ser inteligente es que se puede fingir ser imbécil, mientras lo contrario es totalmente imposible”. ¡Hasta pronto!