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Opinión De Mario Benedicto Parra: Espacios vedados en Campoalegre

Opinión De Mario Benedicto Parra: Espacios vedados en Campoalegre – Es realmente preocupante lo que sucedió hace unos días en el asentamiento Islas del Sol de Campoalegre, en el que fue asesinado el señor Ricardo Ramírez Puentes, al parecer, por un grupo de jóvenes que le propinó varias puñaladas ante la resistencia que opuso por el hurto de sus pertenencias, incluida una motocicleta de la cual derivaba su sustento diario.

Esta problemática, tiene a mi modo de ver, dos escenarios distintos: De una parte, la poca importancia de las autoridades de atajar el problema del consumo de drogas y el  microtráfico en esta área del municipio y por otra parte, el tema de los jóvenes que ingresan en el mundo de las drogas siendo presas fáciles de quienes se lucran del microtráfico.

El aumento de habitantes que sufrió Campoalegre en los últimos veinte años, fue nutriendo sectores del municipio por la demanda de viviendas. El asentamiento Islas del Sol, fue un espacio tomado por la gente, construido y luchado por ellos mismos, habitado por desplazados del conflicto armado colombiano o por otras circunstancias como la pobreza, la falta de oportunidades, la desigualdad y la segregación social.

Para las autoridades la presencia de las drogas en este asentamiento es bien sabida; saben que allí hay lugares de expendio, saben quiénes la comercializan y quiénes la consumen. El asentamiento no esconde la problemática, pues es normal ver a los niños y jóvenes consumiendo alucinógenos a cualquier hora del día, de modo que este asunto no admite más aplazamientos. Se evidencia cómo algunos jóvenes habitantes del asentamiento lo vigilan y controlan a su ritmo, creando una especie de toque de queda en el cual se impide la libre circulación de las personas después de la 6 de la tarde. Hay quienes aseguran que se debe pedir permiso para penetrar en ese lugar porque arriesgarse a entrar sin autorización es colgarse en el pecho su propia lápida.

Tristemente, el asentamiento en un escenario de violencia de actores del microtráfico y de pandillas que atrapan en sus redes a los jóvenes. Sumado a esto, la precaria presencia del Estado, pues, ante todo, los niños y los jóvenes que son reclutados por el microtráfico y que son las principales víctimas de la violencia, requieren asistencia y apoyo oportuno a fin de mitigar el problema de las drogas y ayudarlos salir del infierno en el que se han involucrado. Ellos son los más afectados teniendo en cuenta la drogadicción y la exclusión social, laboral y educativa.

Si las autoridades locales no ponen debida atención a este problema, el lugar podrá convertirse en un espacio de disputa de cuestiones mayores que no distinguirá que allí también hay gente buena, trabajadora y humilde y que son pocos sus habitantes los que lo han convertido en una cueva para delinquir.

Pese a lo anterior, a estos jóvenes no se les debe señalar con desprecio por vivir en este sector considerado como un espacio vedado, ignorado y peligroso del municipio. En la misma línea, no es la fuerza de las autoridades ni la aniquilación de los jóvenes el camino para acabar con el problema de las drogas; no es ignorando lo que sucede en los asentamientos y en los barrios, es apoyando a esa parte de la comunidad que está desprotegida de educación, salud y trabajo. ¡Hasta pronto!

 

 

 

 

 

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