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Opinión De Mario Benedicto Parra: – Ignorancia supina o freno al cambio

Opinión De Mario Benedicto Parra: – Ignorancia supina o freno al cambio – La propuesta del presidente Petro de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente enfureció y emberracó a los lacayos del establecimiento ultraderechista nacional y sus medios de comunicación, exclamando a gritos que cómo así, una Asamblea Nacional Constituyente, Petro lo quiere es perpetuarse en el poder. ¡Qué ignorancia, como si fuera un asunto fácil!

Colombia es un país en el que los políticos han pervertido la política al límite que supera toda lógica o razón, nos encontramos ahora inmersos en la discusión de un Acuerdo Nacional y consecuencialmente, de una Asamblea Nacional Constituyente, sobre todo, de lo que se comunican los medios de comunicación, los politiqueros tradicionales, magistrados, exmagistrados, columnistas y hasta algunos “seudos politólogos”, que han demostrado tener más cráneo que cerebro cuando dan como cierta la reelección presidencial, cuando no es propuesta ni del Estado ni del gobierno.

Los que se han encargado de despotricar al gobierno, con titulares equivocados, con afirmaciones basadas en supuestos, convirtieron la reelección de presidente Petro en una aparente realidad, desorientando a la población en general y a los ciudadanos que leen por encima los titulares o escuchan lo que dicen y dan por cierto los hechos, convirtiéndose en víctimas de la desinformación periodística.

Las reformas a la Constitución no son nada nuevo en este país, es preciso decir que a la Constitución de 1991 se le han hecho 56 reformas desde que entró en vigencia el 4 de julio de 1991, sin contar con el pueblo como constituyente primario, quedando en manos de representantes de los distintos partidos políticos del poder legislativo. Ahora todos ellos sientan cátedra y se oponen a cambios en la Constitución porque “son lesivos para la democracia, la estabilidad política, social y económica del país”. El problema principal radica en que en Colombia los congresistas no respetan al constituyente primario y por eso, no le responden con sus actuaciones u omisiones en el desempeño de sus cargos. La pestilente y despreciable actuación de muchos congresistas, solo les interesa que continuemos en un país a la deriva, oponiéndose a la expedición de leyes que van en beneficio de las mayorías; solo porque grupos poderosos patrocinan el continuismo de manera que no cambien las condiciones en las cuales han podido usufructuar los beneficios de los recursos públicos.

Para abordar este tema es necesario precisar conceptos y es fundamental hacerlo por respeto a la intelectualidad, en razón a la ignorancia supina que algunos tienen, eso sucede porque han manipulado la conciencia social con mentiras y desinformación.

La Asamblea Nacional Constituyente es un mecanismo de participación popular que es necesario cuando las reformas sociales difícilmente pasan por el cedazo del Congreso. Los Congresistas entienden que si pasan las reformas sociales del gobierno cada uno de ellos perderá financiación para ellos y su campaña, debido a la presencia del poder territorial y el poder del pueblo.

Es crucial allanar el camino constitucional hacia el cambio climático y la transición energética, la economía extractivista, la paz total, la implementación del acuerdo de paz, la economía popular, la fracasada política antidrogas, la Colombia profunda y las minorías, la reforma agraria y los derechos absolutos laborales, pensionales y de salud. Los resultados de esas conquistas constitucionales, hacen imprescindible en los actuales momentos una Asamblea Nacional Constituyente. La reforma a la Constitución debe corresponder a especiales necesidades de orden político, económico y social, que no se puedan solucionar con la ley o los obstáculos de las élites económicas y políticas que como está ocurriendo en el momento histórico del cambio, no le han permito al presidente realizar los cambios que requiere el país.

El pueblo soberano tiene la palabra y la iniciativa no debe surgir del congreso, dado que al primero que debemos reformar de fondo es ese órgano corrupto e inane.  También debemos reformar de fondo las altas cortes y los tribunales que prevarican sin pudor alguno. Se necesita una Asamblea Constituyente con el fin de que se dé paso a unas Cortes con magistrados íntegros y sin sesgos políticos.

Se necesita una Asamblea Constituyente donde se traten temas centrales respecto a los principios, derechos, deberes, garantías y libertades fundamentales; ordenamiento territorial; estructura del estado, congreso unicameral, una fuerza pública mejor entrenada y fortalecida, alejada de ideologías políticas.

Se necesita una Asamblea Constituyente ante la incapacidad del Congreso de reformar la justicia, que busque recuperar la confianza de los ciudadanos por una justicia pronta y cumplida, además de resolver los altos niveles de impunidad. No debemos pasar por alto, que Colombia es un país donde la comisión de delitos termina archivándose o en vencimiento de términos.  Se necesita una Constituyente que “Reforme al equilibrio de poderes”, que busque el reajuste institucional de los distintos estamentos del Estado y erradique las prácticas nocivas y los problemas estructurales de cada rama del poder. Se necesita una Constituyente para que Gobierno y Congreso se aparten de la elección de magistrados, que las Cortes pierdan las funciones electorales de altos funcionarios del Estado y la creación de un Tribunal de aforados para la investigación y el juzgamiento penal que reemplace el esperpento de la comisión de acusaciones. Pero, resulta difícil que los “honorables” congresistas renuncien a las prerrogativas que les entrega la actual Constitución e imposible que tramiten una reforma constitucional estructural.

Se necesita una Constituyente para que se eliminen el Consejo Nacional Electoral, fortín politiquero con resultados desastrosos. Se necesita una constituyente que establezca la autonomía, la descentralización administrativa y presupuestal para los municipios a fin de que puedan gestionar y ejecutar obras sin depender del gobierno central y según arbitrio del presidente de turno. Se nenecita una Constituyente para disminuir los miembros de los Concejos Municipales y suprimir las Asambleas Departamentales. Eliminar las Contralorías departamentales y municipales, convertidas en fortalezas burocráticas con resultados deplorables. Se necesita una Constituyente que reforme la prostituida y parcializada Procuraduría General de la Nación de hipocresía camandulera y que el procurador sea elegido popularmente.

Como si no fuera poco, el trámite de una Asamblea Nacional Constituyente es engorroso,  según la misma Constitución, la Asamblea Nacional Constituye requiere que el Congreso apruebe tanto en Senado y Cámara por mayoría absoluta una ley para consultarle a la ciudadanía acerca de la convocatoria a una asamblea constituyente y para la aprobación de la ley, se requiere del apoyo de la mayoría de los integrantes del Senado y la Cámara, situación que no está a favor de Petro, puesto que no tiene mayorías en el Congreso. Además, la ley debe contener entre otras cosas, La convocatoria de la asamblea constituyente; el número de integrantes de la asamblea constituyente; el sistema de elección; los temas de la asamblea constituyente; la fecha de su iniciación y su periodo y una vez aprobada la ley deberá pasar a sanción presidencial.

Posteriormente, el presidente de la República la remitirá para su revisión en la Corte Constitucional. Si la Corte Constitucional aprueba la ley de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente, esta deberá realizarse entre los 2 a 6 meses siguientes.

¡Qué ignorantes! Es necesario aclararles que una Asamblea Nacional Constituyente convocada por el presidente, para que el legislativo apruebe dicha reforma, es ingenuo. Creer que dicha iniciativa se apruebe, es como pedir que los mismos congresistas se bajen el sueldo, sabiendo que dicho congreso está compuesto en su mayoría por parlamentarios que históricamente han defendido a las elites políticas y económicas. 

Le tenemos miedo a los cambios o es ignorancia supina de muchos personajes de la oposición mediocre y decepcionante que quiere acabar la posibilidad de reescribir la esperanza y renovación de un país mejor.

¡Hasta pronto!

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