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Opinión De Mario Benedicto Parra: Indiferencia o resignación 

Opinión De Mario Benedicto Parra: Indiferencia o resignación – En cierto modo, la indiferencia o la resignación, convierten determinadas percepciones insustanciales en verdades absolutas e indiscutibles. Eso sucede con la corrupción. Un fenómeno que se presenta con matices que van desde las más grotescas a las más disimuladas.

Es indudable que la corrupción va en alza gracias a la complicidad y el silencio de muchos ciudadanos que prefieren hacerse los distraídos frente a tanta impertinencia evidente.

En esta perspectiva, un hecho tan escandaloso como el del hundimiento del proyecto anticorrupción debió ser repudiado por toda la sociedad, pero ni los congresistas, ni los candidatos a corporaciones, gobernaciones y alcaldías que andan en campaña, refutaron el grotesco papel de Ernesto Macías que engavetó por varios meses el proyecto anticorrupción. No hubo pronunciamiento de inconformidad que impugnara la decisión del representante Alejandro Chacón que hundió el proyecto “dizque” por falta de tiempo. Nadie dijo nada sobre el actuar doloso del representante Gabriel Vallejo Chufiji que se prestó para el fraude como falso conciliador.

Aquí se vive de escándalo en escándalo y muchos ciudadanos prefieren la apatía, miran a otro lado e ignoran lo que ocurre. También muchos están asqueados por la corrupción y ven cómo el Congreso sostiene esta perversa dinámica, que es capaz de torcerle cínicamente la voluntad a tantos que votaron la consulta anticorrupción para defender al país de los corruptos. Los políticos prefieren dejar intacto el sistema sin modificar las bases de la corrupción porque de pronto les puede llegar su turno. Esos actos de Macías, Chacón y Vallejo van naturalizando la corrupción y pareciera que el pueblo se ha acostumbrado a ella.

Frente a esas circunstancias, la ciudadanía siente que no tiene opciones, que no hay salida, que la corrupción es defendida por los mismos políticos y las élites, porque casi todos roban. Los ciudadanos se encuentran atrapados, encerrados. Se los convoca a elegir entre diferentes matices de lo mismo y la corrupción desaparece de las propuestas y los programas.

Habrá que entender que no se trata sólo de apatía ciudadana e indiferencia crónica. Hay de eso y mucho más, pero también se presencia una descomunal resignación que deprime, angustia y entristece, hasta la impotencia. En el trámite del proyecto anticorrupción todo fue planeado y calculado para burlar a once millones seiscientas mil personas que se manifestaron en agosto de 2018 frente a la escandalosa corrupción y esos millones de ciudadanos debieran salir a las calles a manifestar su inconformidad.

Aquella participación fue superior a los votos con lo que se eligió a Duque, quien recién posesionado simuló sumarse al mandato popular, pero todo fue una estratagema, una mentira más.

Llevamos 200 años de vida republicana y seguimos en un país atrasado en lo político y lo social, en el que los políticos y las élites manejan todo a su manera, demostrando con sus actuaciones falsas y disfrazadas cumplir con la Constitución y las leyes, cuando descaradamente se burlan del pueblo.

Es importante anotar que, según Transparencia Internacional, Colombia está entre los perores países en materia de corrupción y de penúltimo entre los países miembros de la Ocde.

Los colombianos perdimos una valiosa oportunidad y está confirmado que la clase política es incapaz de reformarse. Si la sociedad sigue indiferente o resignada a la corrupción, no es posible esperar otra cosa que una sucesión de gobiernos corruptos. ¡Hasta pronto!

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