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Opinión De Mario Benedicto Parra: La Biblia y la desigualdad social (parte I)

Opinión De Mario Benedicto Parra: La Biblia y la desigualdad social (parte I) –  Cuando leemos la Biblia, percibimos en varios de sus textos un modelo de sociedad igualitaria, de modo que la igualdad social es un concepto tan bíblico como político y en este contexto, la desigualdad social no solo afecta derechos humanos sino también los propósitos de Dios: la igualdad y la justicia social.

Pero cada vez que alguien menciona el igualitarismo social lo tildan de vago, mamerto, guerrillero o comunista y creen que la desigualdad social es propio de ideologías de izquierda y lo que es peor, dan por sentado que los pobres todo lo quieren regalado, sin trabajar, pero esto no es más que ignorancia o desconocimiento, malabares de demagogía con tintes de feudalismo o contorsionismo de ideas, sin ir más allá de la verdadera dimensión del problema.

La Biblia apoya las nociones de igualdad y justicia social, muestra interés y cuidado por la situación de los pobres y afligidos (Deuteronomio 10:18; 24:17 y 27:19). La Biblia reiteradamente hace referencia a los huérfanos, a las viudas, a la gente que no es capaz de valerse por sí misma o no cuenta con un sistema de apoyo.

Muchos creen que los pobres viven del erario y que ser pobre un buen negocio, nada más alejado de la realidad. El problema no son los pobres ni la pobreza, es la igualdad mal entendida; es la indebida distribución de la riqueza la que impide que Colombia progrese y sea el tercer país del mundo más desigual.

Quien propone igualdad social es porque busca formar una sociedad más justa, tal como se menciona en Números 26:52-56. Basta leer estas citas bíblicas para entender que allí se aplica la igualdad en el reparto de la tierra, la que considero, la primera reforma agraria en épocas del Antiguo Testamento.

Quienes conocen la historia de Colombia, saben las verdades elementales del retraso del país rural respecto del urbano; persisten las grandes desigualdades que no han superado quienes han gobernado por décadas esta nación.

Mientras esto siga así, difícilmente dejará de haber en gran cantidad vagos, necesitados y excluidos, porque el punto de partida es de fuertes carencias. Esto obliga a pensar en una realidad que muchos han mal interpretado o han olvidado o que se han evaporado en el imaginario colectivo, más preocupados por hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Colombia necesita abordar de fondo un sistema que consiga resolver su profunda desigualdad e injusticia.

No podemos seguir pensando que quien posee una casa, un carro u otra propiedad, es rico o adinerado, es simple comodidad; la comodidad de quienes yo llamo “los nuevos pobres pudientes”; esos que ahora se creen ricos, que se anuncian como ricos y desprecian a los que no tienen siquiera un techo.

“La boca habla mucho, los hechos no son lo que dicen”, reza el refrán. La peor desigualdad es la que se da entre los mismos pobres: los “pobres pudientes” echándoles el agua sucia a los “pobres absolutos” bajo el sofisma de que no trabajan y todo lo quieren regalado.

Dice Deutoronomio 15:7 “Si hay algún pobre entre tus compatriotas en alguna de la ciudades del país que el Señor tu Dios te da, no seas inhumano ni le niegues tu ayuda a tu compatriota necesitado” ¡Hasta pronto!

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