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Opinión De Mario Benedicto Parra: La delgada línea entre la razón y la estupidez

Opinión De Mario Benedicto Parra: La delgada línea entre la razón y la estupidez –   Lamentablemente, cada día que pasa, se comprueba que, en nuestro país, prevalece la ausencia de racionalidad de algunos servidores públicos. Se antepone el interés sectario al de la sociedad. Y, lo que es peor, se dicen estupideces, aun a sabiendas de que se violan elementales reglas de la lógica natural y el sentido común.

Un claro ejemplo de lo anterior es María Fernanda Cabal, que con sus acostumbradas declaraciones se convierte en el hazmerreír del Congreso. Frases como: “nos vendieron un pánico absurdo”, -refiriéndose al coronavirus- y “el virus proviene de los vampiros”, irrespetan el conocimiento científico al decirlas con la subjetividad propia de la ignorancia o del prejuicio. La falta de coherencia o la ceguera que da el sectarismo, terminan desatando ridiculeces y burlas. Solo el sector radical del uribismo la alude y la aplaude y, hasta la idolatra. La peor pandemia que vivimos entonces es la de la charlatanería, la de la prepotencia y la de la arrogancia.

Qué desconcierto tan grande que en este país tengamos congresistas que no han servido para nada. Nos duele a los colombianos que se destruya la razón e impere la fuerza perversa de la mediocridad. Lo que llega uno a concluir es que esta señora no es idónea para hacer el oficio que le corresponde y por esta clase de representantes es que nuestra sociedad fracasa.

La señora de marras, nos cuesta a los colombianos la suma 34 millones de pesos mensuales, sin contar con las demás prebendas que recibe; esto no es más que es un detrimento del erario, un atentado al patrimonio económico del Estado en favor de un personaje cuyo único propósito es su afán de protagonismo y pregonar esa doctrina populista y peligrosa que profesa.

La política debe ser una profesión respetada, hecha para gente de Estado, capaz, conocedora de los temas que en la sociedad están relacionados con los derechos y los deberes del ciudadano. Capaces de asimilar los conflictos de un país sitiado por problemas sociales, con millones de personas debatiéndose en medio de la pobreza y con unos índices de informalidad y desempleo alarmantes. Un país con la salud en crisis y con una corrupción que galopa sobre todo el andamiaje del Estado.

El Congreso tiene a una charlatana que, durante los últimos cinco años y medio, no hace sino hacernos sentir pena ajena, por cuenta de sus repugnantes declaraciones que rayan en la estupidez.

A Colombia, cuna de grandes inteligencias y de cultísimas mujeres en la política, la torturan con una inepta ignorante representando lo que no puede representar, precisamente por la forma alegre y farandulera como actúa. Necesitamos políticos de verdad y una política seria o seguiremos fracasando. ¡Hasta pronto!

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