Opinión De Mario Benedicto Parra: La historia que cambió la vida de los cristianos – La celebración más importante del mundo cristiano es la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, hechos atestados del más puro sufrimiento y anunciados por el mismo Jesucristo, según relata el evangelio de San Mateo: “Ya sabéis que dentro de dos días es la Pascua; y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado”.
Después de aquella sentencia los hechos se consumaron y lo demás es historia. La historia de una pasión que cambió la vida de los cristianos, y que en Semana Santa es motivo para honrar el sufrimiento de Jesucristo que, en favor de redimir a los hombres del pecado y de ofrecerles la vida eterna, asumió entrañadamente su calvario.
En aquellos tiempos, al entregar Judas Iscariote a su maestro a cambio de treinta monedas de plata, se reveló la traición, la miseria humana; no obstante, se considera que los hechos estaban predestinados a suceder de esa manera con el fin de que la humanidad tuviera una puerta de acceso a la salvación.
Han transcurrido 2024 años de aquellos acontecimientos trascendentales del que debió haber surgido un hombre nuevo que, arropado en la doctrina del cristianismo, consiguiera extinguir la naturaleza de un ser colmado de vanidad, arrogancia, orgullo, avaricia, soberbia, presunción, pero, lastimosamente, y pese al arrepentimiento del que se suele hacer ostentación durante la Semana Santa, ni siquiera la pasión de Jesucristo parece haber conseguido su propósito.
Sin embargo, lo que nadie puede negar es la increíble y permanente actualidad de Jesús de Nazaret. Lo califican con razón el mayor influyente -influencer- de la historia. Esa permanente actualidad es de sobra conocida, con razón que ningún otro libro en el mundo ha sido objeto de una investigación tan crítica y reiterada como la Biblia.
Lo que vengo diciendo conviene ilustrarlo con un ejemplo que pienso es de actualidad. Para ello, escojo el espinoso tema del perdón y que ahora se expresa también como “de la reconciliación”. Esta última expresión denota tanto el efecto como la actitud de quien pide perdón a Dios o a los demás.
Para quien esto escribe el rostro de Cristo es subrayar la actual nota reconciliadora del perdón y mi deseo y oración es el perdón y la reconciliación universal y que tengamos una vida en paz.
El señor Jesucristo bendiga a todos los lectores de este medio informativo.
¡Hasta pronto!